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Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La luz salvadora del faro de Punta Cumplida fue la que vieron los tripulantes del buque británico “Pacific Star” el 31 de octubre de 1942, tres días después de que hubiera sido hundido por el submarino alemán U-509, cuando navegaba en la posición 29º 16’ N y 20º 57’ W. El día 28, la tripulación abandonó el barco y el tercer oficial de máquinas, señor Wren, anotó en su diario personal: “Todos los botes salvavidas fuera del barco sin peligro”.

El día 31 los náufragos del “Pacific Star” –capitán, G.L. Evans– avistaron la luz salvadora del faro de Punta Cumplida, cuando se encontraban en noche cerrada cerca de las costas del Norte de La Palma. “Centenares de personas miran desde los acantilados. Ven nuestro bote casi empujado contra las rocas. Nos dan una copa en un granero. Luego nos llevaron en un camión de ganado a otro sitio donde tomamos sopa y café. Luego, en una ambulancia, al Hotel Florida en Santa Cruz de La Palma”, en el que permanecieron hasta el 3 de noviembre, en que abandonaron la Isla.

El buque “Pacific Star”, artillado, durante la II Guerra Mundial

El buque “Pacific Star”, propiedad de la célebre naviera británica Blue Star Line, había salido del puerto de Rosario (Argentina), vía Freetown, formando parte del convoy SL125, compuesto por 37 barcos, rumbo a Inglaterra, de los que sólo llegaron a su destino final un total de 25. Los doce restantes fueron hundidos en la guerra submarina por los temibles U-boat alemanes.

El faro de Punta Cumplida, uno de los edificios de ingeniería civil más emblemáticos de La Palma, mantiene su presencia pétrea desde hace siglo y medio y todas las noches ilumina el cielo del nordeste insular, convertido en referencia de navegantes y en luz salvadora de pescadores, emitiendo sus destellos en la inmensidad del limpio y claro cielo palmero.

Foto: Royal Navy

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Bajada de la Virgen de las Nieves es la fiesta más importante de La Palma. Se celebra con carácter lustral en Santa Cruz de La Palma, capital de la isla y tiene su origen en el profundo fervor religioso que el pueblo palmero ha mostrado por la imagen mariana, a la que ha recurrido como invocación divina frente a las calamidades de la Naturaleza: sequías, volcanes, plagas, hambrunas, incendios o naufragios.

Fundada en 1676 por el obispo Bartolomé García Ximénez, su primera edición se celebró en 1680. Y desde entonces, ininterrumpidamente, ha sido así cada cinco años. Al amparo del pensamiento y el modo creativo del Barroco, el diseño del programa de la Bajada hilvana al trasunto mariano su dependencia respecto de otra importante cita del calendario católico, como es la festividad del Corpus Christi. Razón que explica la profusión de loas, carros alegóricos y otras representaciones plenas de imaginario simbólico destinado a la alabanza de Nuestra Señora de las Nieves.

Virgen

La Virgen de las Nieves, en el inicio de su Bajada del año lustral 2015

Durante algo más de un mes, Santa Cruz de La Palma se viste de gala para celebrar la fiesta de todas las fiestas de la isla con un extenso programa de actos lúdicos y espectaculares, que llena las calles y las plazas de la histórica ciudad marinera, cuya arquitectura y diseño urbanístico renacentista siguen revelando el linaje de su puerto.

En el transcurso del tiempo, la Bajada ha visto modificados algunos de sus actos y las fechas de celebración hasta llegar a su situación actual. Durante dos semanas tienen lugar las funciones preparatorias al traslado de la venerada imagen desde su santuario del monte hasta la iglesia matriz de El Salvador, residencia temporal de Nuestra Señora de las Nieves durante su estancia en la capital insular.

Detalle

Detalle de las manos de Nuestra Señora de las Nieves

Entre los espectáculos y regocijos populares destacan la romería de bajada del trono de plata por el camino real de El Planto; el desfile de pandorgas, las danzas de mascarones, la danza de acróbatas, el Festival del Siglo XVIII o Minué, el Carro Alegórico y Triunfal y la Fiesta de Arte.

El número emblemático por excelencia de las fiestas es la Danza de los Enanos, en la que, ante la atenta mirada de miles de asistentes, un grupo de hombres ataviados en cada ocasión con una alegoría diferente (vikingos, cardenales, juglares…) interpreta una danza inicial; en breves segundos, los hombres se transforman en diminutos enanos que bailan una coreografía trepidante; arranca entonces el aplauso del público, que asiste atónito a la sagacidad y la picardía de los singulares personajes.

Minue

El baile del Minué tiene evocaciones del siglo XVIII

Enanos

La Danza de los Enanos es el número más famoso de las Fiestas

En la mañana correspondiente al domingo de la Semana Grande, el Diálogo entre el Castillo y la Nave se representa en presencia de Nuestra Señora de las Nieves, evocando así la larga tradición marinera de la ciudad de Santa Cruz de La Palma y su condición de Juzgado de Indias en el siglo XVI, tercer puerto del Imperio después de Amberes y Sevilla y paso obligado del tráfico marítimo hacia las Indias occidentales.

El Diálogo que se escenifica en la actualidad es obra del insigne poeta palmero Antonio Rodríguez López (1836-1901), estrenado en el año lustral de 1875. El Diálogo es un intercambio de réplicas dramatizadas entre el Castillo, situado en lo alto del risco como defensor de la isla ante la amenaza de los piratas, y la Nave de María, anclada en el margen derecho del barranco, que simula acercarse a la orilla palmesana llevando en su interior un singular misterio.

Cónsules

Cónsules de Finlandia en Canarias y de Italia en Tenerife

En la procesión oficial, celebrada el pasado domingo 12 de julio, estuvieron presentes las principales autoridades civiles y militares de Canarias, con el estreno del recién elegido presidente del Gobierno autónomo, Fernando Clavijo; el general jefe del Mando de Canarias, Pedro Galán y el almirante comandante del Mando Naval, contralmirante Manuel de la Puente. La primera corporación insular, presidida por Anselmo Pestana; los catorce municipios de la isla y otras representaciones y entre ellas una comisión del Cuerpo Consular acreditado en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, formada por el cónsul de Italia en Tenerife, Silvio Pelizzolo y el cónsul de Finlandia en Canarias, Juan Carlos Díaz Lorenzo.

Fotos: José Javier Pérez Martín y Fernando Rodríguez Sánchez

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 12 de mayo de 1936, el puerto de Santa Cruz de La Palma amaneció pintado de barcos. En medio de una singular expectación, las gentes se apresuraron hasta el muelle gritando “¡Llegó la Escuadra, llegó la Escuadra!”. Eran, en total, nueve barcos. El primero en recalar fue el crucero “Méndez Núñez”, que fondeó en la bahía al resguardo del Risco de la Concepción, dando la popa a la playa de Bajamar.

Tras él entró el primer destructor, “José Luis Díez”, en el que embarcó el práctico Tomás Yanes Rodríguez –que dirigió todas las maniobras– y que atracó estribor al muelle. Abarloados a éste le siguieron los destructores “Churruca”, “Alcalá Galiano”, “Almirante Ferrándiz”, “Almirante Valdés” y “Almirante Antequera”. Por falta de línea de atraque también fondearon los destructores “Lepanto” y “Sánchez Barcáiztegui”, que lo hicieron a estribor del crucero “Méndez Núñez”.

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Los destructores de la Marina española, abarloados, durante su escala en La Palma

La presencia de los buques del gris naval y de los marinos uniformados de blanco acaparó la máxima atención de las gentes de la ciudad y aun de los otros pueblos de la Isla, que se desplazaron hasta la capital para presenciar la estancia de las unidades de la Marina de Guerra.

La banda de música “La Victoria” acudió al recibimiento en el muelle, que presidió el titular del Cabildo Insular, Mendoza Santos. “Diario de Avisos” destacó la presencia de los barcos de guerra y comentó los paseos al campo de sus dotaciones y el encuentro de los oficiales para tomar el té en los salones del hotel “Florida”.

En el puerto palmero no se había visto un espectáculo de barcos igual, desde que en mayo de 1921 estuvo una agrupación naval formada por submarinos, torpederos y el buque de salvamento “Kanguro”, un curioso cacharro de extraña figura formada por dos cascos simétricos y el montaje de una grúa a crujía para rescatar a los submarinos del fondo.

A la cita con la paz, en abril de 1939, de los barcos que habían visitado el puerto palmero en mayo de 1936 –todos ellos sirvieron en el lado republicano durante la guerra– sólo faltó el destructor “Almirante Ferrándiz”, que resultó hundido el 29 de septiembre del mismo año por la artillería gruesa del crucero “Canarias” cuando ambos buques se encontraron en aguas del Estrecho. El 26 de agosto de 1938, el destructor “José Luis Díez” varó en la playa de Los Catalanes, en el peñón de Gibraltar, acosado por las unidades nacionales que operaban en el Estrecho, aunque fue recuperado al final de guerra, reparado y devuelto al servicio.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Al desgranar el rosario de los recuerdos de los años idos para siempre, la memoria fértil nos hace evocar la presencia de Alberto Calero García, que fue durante años, muchos a decir verdad, el conductor de “el correo”, como así llamábamos a la guagua que enlazaba Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane, con escala obligada, tanto en el viaje de ida como a la vuelta, en Fuencaliente. Hace años que el entrañable y apreciado amigo ya no está entre nosotros, pero sirvan estas líneas para recordarle con todo afecto y gratitud por su buen y buen hacer.

Alberto Calero respondía al prototipo de hombre palmero serio, honesto y trabajador. Amable, correcto y siempre dispuesto a hacer el bien al prójimo. Nació el 7 de agosto de 1925 en Las Indias, hijo de Aquilino Donato Calero Díaz y de Petra García Hernández. Desde que cumplió el servicio militar se trasladó a vivir a El Paso. Primero trabajó como chófer en los camiones de Vicente Pino y en marzo de 1956 ingresó en la empresa María Santos Pérez, concesionaria de los servicios de transporte del sur de La Palma. En ese mismo año contrajo matrimonio con María Carmela Lirio Ramón, de cuya unión nacieron sus hijos María Teresa, José Alberto y Gloria Esther.

Alberto Calero Garcia (c. 1948)

En los primeros años de trabajo de Alberto Calero en las guaguas atendió la línea El Paso-Los Llanos-Tazacorte y Los Llanos-Tijarafe. Tenía la costumbre de parar siempre un momento en casa de su madre viuda, inválida y ciega, cuando vivía cerca de la dulcería de Cleofé. A partir de 1965 fue el conductor de “el correo” y aunque ya entonces había acreditado su dedicación, fue en esta etapa cuando demostró su generosidad sin límites.

Pues, como bien nos recordaban su esposa y sus hijas cuando les visitamos para hilvanar estas líneas, “el correo” era mucho más que una guagua de transporte público. Que, por cierto, tenía un motor Dodge y carrocería de madera salida del conocimiento del maestro Manuel Curbelo Sanfiel, carpintero por excelencia de “la exclusiva”. Consciente de las limitaciones que entonces existían, Alberto Calero y Ciro el cobrador, lo mismo que sus compañeros de profesión, ayudaban a los vecinos del itinerario en todo lo que podían: desde llevar recados, un trozo de tela para un vestido, medicinas, pagar la contribución, comprar libros para la escuela o el instituto, gestiones de Seguros Comillas y un sinfín de encargos de todo tipo.

Alberto Calero (izq.), en sus primeros años en la empresa María Santos Pérez

Sentados en el techo de la guagua Fiat que atendía el servicio Los Llanos-Tazacorte

Compartiendo un rato de ocio con compañeros y amigos de profesión

“El correo” iniciaba su trayecto en Los Llanos de Aridane y hacía multitud de paradas en un largo itinerario, entre otras en Dos Pinos, Tajuya, Las Manchas, Jedey, Fuencaliente, Montes de Luna, Tigalate, La Sabina, Villa de Mazo, Breña Alta, Breña Baja y Santa Cruz de La Palma. A su regreso seguía el mismo itinerario y después subía El Time en demanda de Tijarafe, Puntagorda y Las Tricias, en Garafía. En una ocasión, bajando por Amagar, la guagua se quedó sin frenos y Alberto Calero consiguió dominar la situación a base de los cambios del motor y sin que los pasajeros se dieran cuenta.

"El correo" tenía motor y chasis Dodge. En la foto, saliendo de Las Tricias

“El correo” tenía motor Dodge. En la foto, saliendo de Las Tricias

Algo parecido le sucedió en otra ocasión en las Vueltas de Matos y alguna vez lo sancionaron por llegar antes de tiempo a Santa Cruz de La Palma. En una ocasión, cuando circulaba por El Llanito, en Breña Alta, se le cruzó por delante un chico corriendo atrás de una pelota. Consiguió esquivar lo que parecía un desenlace fatal y fueron tantos los nervios que cogió, que tuvieron que enviarle un relevo. Durante una etapa trabajó también en unos micros de nueve plazas y sin duda alguna fue un buen conductor, ampliamente reconocido y con una precisión exquisita de conocimiento de la carretera. Y, sobre todo, Alberto Calero fue muy buena persona y damos fe de lo que decimos.

Alberto Calero García (1925-2009). Una lección íntegra de honestidad

Cuando llegó el final de la empresa de María Santos Pérez comenzó otra etapa a cargo de Tomás Roque Reverón y de Pérez y Cairós. Tenía 62 años y más de tres décadas de conductor cuando decidió jubilarse. En su última etapa cubrió la línea El Paso-Los Llanos-Tazacorte. “El correo”, aunque siguió existiendo, ya no era lo que había sido. Las condiciones de vida en La Palma habían mejorado considerablemente y el transporte terrestre había entrado en una nueva dimensión. Vivió sus últimos años rodeado del cariño de su familia y del afecto de sus amistades y el 15 de enero de 2009 emprendió su último y definitivo viaje. Tenía 83 años.

Amor con amor se paga y justo es recordar en estas líneas a la figura de Alberto Calero García, paisano y amigo, quien tanto dio y tanto hizo por su gente, imbuido de ese noble afán de servicio desinteresado a los demás. La historia del transporte terrestre en La Palma está todavía por escribir en profundidad. En esta misma sección hemos hecho algunas contribuciones, pero queda mucho por hacer. Vaya desde estas líneas un pequeño aporte y un reconocimiento a uno de sus destacados protagonistas, cuya memoria pervive en la memoria colectiva y la gratitud de nuestra tierra.

Fotos: Familia Calero Lirio. Nuestro agradecimiento

Juan Carlos Díaz Lorenzo

“El 24 de junio de 1949, el día en que comenzó el volcán de San Juan, subía yo con mi hermano por el camino de El Callejón, de pelarnos en casa de don Justo, en paz descanse, que era el único que había por aquí en esa época y cuando veníamos a mitad del camino vimos una humareda muy grande arriba en la cumbre, en el Hoyo del Duraznero”, comienza su relato Francisco Sánchez Pérez (1938), vecino de Las Manchas y años más tarde, alcalde de la ciudad de El Paso. 

“Cuando llegamos a Las Manchas la sorpresa nuestra fue que todo el mundo comentaba que era un volcán. Recuerdo que estaba el circo “Canarias”, que también llamaban el circo “Toti” en la huerta de la ermita y se alborotaron algo terrible y nosotros, mi hermano y yo, la ilusión nuestra era ir a ver el volcán”. 

“A las dos de la tarde salió mi padre con unos amigos, y nos quedamos cerca de donde hoy está el bodegón de Federico, desconsolados y llorando, porque no nos llevaban a ver el volcán. Cuando regresaron por la tarde y nos contaron lo que habían visto, pues más desconsuelo todavía. Al principio teníamos un poco de nervios, por los dos temblores que había habido, pero cuando reventó el volcán fue cuando vinieron los temblores mucho más grandes e intensos”. 

Francisco Sánchez Pérez (1938)

“El 2 de julio, día de la Patrona, fuimos evacuados y primero nos llevaron a vivir a la casa de Manuel Mederos, en La Laguna, donde hoy está la gasolinera, y luego, cuando terminó la lava, a los 19 días, nos fuimos a vivir a Argual, detrás del campo de fútbol. Después volvimos cuando ya se hizo la primera pista sobre la lava del volcán, que se quemaban las alpargatas. Cuando la hicieron veníamos a clase con mi padre y al año, más o menos, ya nos vinimos definitivamente otra vez para Las Manchas”. 

“La escuela era una casa de dos pisos, que está bajando hacia Cuatro Caminos. Todo el mundo salió de aquí. En Las Manchas quedaron dos vecinos solamente, don José Ana y Faustino González, más conocido por Faustino “berruga”, que fueron los únicos que se quedaron”. 

“Cuando salió la lava y llegó al mar, veníamos en falúas desde el Puerto a Puerto Naos, frente a la lava, que tardó dos días en llegar al mar, desde que, a primeros de julio, salió por el Llano del Banco. La lava salió el 8 de julio. Ese día veníamos de La Laguna para Las Manchas caminando y cuando llegamos por debajo de la montaña Cogote, cerca de donde está el cementerio, nos encontramos con la humareda arriba y al llegar a la ermita con todo el movimiento de camiones, llevándose todo. Así estuvimos hasta las dos o las tres de la tarde, en que nos fuimos otra vez, cuando la lava ya llegó a la carretera. Al día siguiente fuimos a verla a Todoque en el camión de Pancho “el de la Indiana”, de La Laguna”. 

Monumento de Fátima, allí donde se paró la lava sobre Las Manchas

Monumento de Fátima, allí donde se paró la lava sobre Las Manchas

“Recuerdo que subíamos por la lava ya seca, la de la orilla y quedaba el río líquido por el centro, se volteó una piedra y salió una llamarada enorme. Aquello fue una imprudencia. El día que llegó al mar fue una gran cantidad de gente al risco, pensando que aquello iba a ser algo impresionante. Y, sin embargo, fue una decepción para todos, porque cuando llegó al mar empezó a hervir el agua. Claro, todos pensábamos que sucedería lo que pasó aquí, en el aljibe de don Manuel Brito, que al caer la lava y tapar el agua hizo una explosión enorme y creíamos que en el mar iba a ser igual. Total, que el mar entró sin que pasara nada, eso sí, mucho vapor de agua. Y los que pasaban en falúa contaban que cerca había gran cantidad de peces muertos del calor tan enorme que había”. 

“El paso de la lava, el volcán mismo con los temblores, afectó a mucha gente por aquí. Quiero recordar que a mi suegro le llevó 15 celemines de la mejor zona de viña que había y la casa de su madre. De lo que prometieron se dio una cantidad pequeña a los agricultores que perdieron sus terrenos y a través de Regiones Devastadas se repararon las viviendas dañadas por los terremotos. Pero no hubo más ayudas, a pesar de que se volcaron desde las otras islas y de la Península. Hubo también una promesa, de la charca de los Dos Pinos, para los vecinos de Las Manchas, pero al cabo del tiempo, como no cotizaban, perdieron sus derechos”. 

“¡Lo que es la ignorancia! Quiero recordar que un médico famoso que había en Los Llanos, con un palo, un cacharro y una vara grande quiso coger lava líquida y se le derritió ahí mismo. Y una avioneta que pasó por encima de la boca del volcán, muy confiados y no pensaron en el aire caliente y dio un bajón impresionante y casi cae en la boca del volcán”. 

“Hasta que bajó la lava por Mazo, la gente venía a montones. Fue una catástrofe para algunos, pero dio crecimiento a la Isla y sólo un desaparecido por la zona de las Breñas, que estaba algo trastornado. Por lo demás, no hubo desgracias, gracias a Dios”[1].

Nota:

[1] Testimonio de Francisco Sánchez Pérez, Las Manchas, diciembre de 1999. Publicado en el libro “El volcán de San Juan. Crónica de una erupción del siglo XX” (2000), de Juan Carlos Díaz Lorenzo.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En su flanco sur, Santa Cruz de La Palma está resguardada y limitada por la imponente mole del Risco de la Concepción, que se eleva a unos 400 metros y es la pared de un antiguo volcán cuyo cráter, conocido como La Caldereta, condiciona el desarrollo urbano de la ciudad en esa zona. Antes de que fuera horadado el primer túnel, que permitió el tránsito de personas y vehículos en condiciones fiables aunque sujeto a los frecuentes embates de la mar –que entraba a rociones por los respiraderos que aún existen–, para pasar de un lado a otro había que esperar a la bajamar, de ahí el nombre de la zona.

Explica nuestro amigo y paisano Alberto Pérez, que “según mi abuelo, que es quien me contó esta historia, las gentes que vivían más cerca de la ciudad, venían a comprar o vender sus productos y estaban al tanto de las mareas. Llegaban y esperaban pacientemente a que se produjera la bajamar y se formara una pequeña playa por la que cruzaban sin mojarse. El límite máximo horario de su estancia en Santa Cruz de La Palma lo imponía la pleamar, es decir, regresaban a sus casas antes de que volviera a subir la marea. Por eso, precisamente por este tránsito de personas, justo en los momentos en los que bajaba la marea, a esa zona de conoce con el nombre de Bajamar”.

Así era el Risco de la Concepción antes de la llegada de la carretera y el primer túnel

El Plan General de Carreteras de La Palma, de septiembre de 1860, reconoce la necesidad de construir en la isla tres vías de acceso de tercer orden: Santa Cruz de la Palma a Fuencaliente, por Breña Baja; Fuencaliente a Tazacorte, por Los Llanos de Aridane; Santa Cruz de La Palma a San Andrés, por Puntallana. Las obras de la carretera del sur de la isla comenzaron en 1874 y concluyeron en 1910, con una longitud de 55,5 kilómetros, repartidos en ocho tramos.  

En algunos de los tramos, el ritmo de las obras avanzó a un ritmo de entre 120 y 150 metros mensuales, cifra considerable si consideramos los medios disponibles y las dificultades encontradas en algunas zonas, además de la lucha administrativa contra aquellos propietarios reacios a ceder sus terrenos. En 1879 se recibió, con carácter provisional, el primer tramo de siete kilómetros entre Santa Cruz de La Palma y el Risco de la Concepción, perteneciente al municipio de Breña Alta[1].

[1] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente. Historia y tradición. pp. 222-223. Madrid, 1994.

Foto: Historia de La Palma (facebook, coord. Maxi Fernández Gil)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El capítulo de la historia del transporte regular y discrecional de pasajeros en La Palma está por escribir en profundidad. En los últimos tiempos, José Ángel Hernández Luis, profesor titular de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), ha tratado en detalle algunos aspectos desde su especialidad académica. Un palmero adoptivo de pro, Maximiliano Fernández Gil, está haciendo una importante y eficiente labor de recopilación fotográfica desde su activa página “Historia de La Palma” en facebook, lo mismo que José Ayut Santos y Miguel Bravo, entre otros. Fernando Rodríguez Sánchez, autor de la página web palmerosenelmundo.com, también contribuye de manera decidida a ese empeño.

Quien suscribe ha hecho algunas aportaciones que confiamos enriquecer en los próximos meses. Las publicadas hasta el momento son Casa Ferraz, parada obligada y Una guagua llamada “la cucaracha”. En breve aparecerá una crónica referida al correo y la figura de Alberto Calero. Pero queda mucho por hacer. Animo a mis paisanos y amigos a que aporten datos y canales fiables que contribuyan a una mejor y eficiente investigación.

En la foto de Fernando Rodríguez Sánchez, el volante y otros indicadores de una guagua chasis y motor Austin, encarrozada en 1961 en los talleres de la Sociedad Cooperativa Transportes Norte de La Palma. Felizmente se conserva. Es patrimonio de todos los palmeros. En las guaguas del Sur, como bien señala nuestro amigo Luis Pérez, adjudicado el servicio a María Santos Pérez y después a sus hijos, las manos de los maestros carpinteros Curbelo y Pepe y el mecánico Aroldo Felipe, fueron algunos de sus destacados protagonistas.   

Volante y salpicadero de una guagua Austin encarrozada en 1961

Foto: Fernando Rodríguez Sánchez (palmerosenelmundo.com)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El Pino de la Virgen, en El Paso, ha sido declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico, dada su especial relación con la historia y la devoción de la isla, como se pone de manifiesto en la celebración anual en honor de la Virgen del Pino. Se le calcula una edad de unos 800 años, es decir, que es bastante anterior a la conquista de la isla (1492-93) y ha sobrevivido a incendios, erupciones volcánicas y otros desastres de la naturaleza. Y también a la mano del hombre.

Es todo un símbolo en El Paso y en La Palma, donde también existen otros notables ejemplares de pinos canarios, caso de Fuencaliente, Puntagorda y Garafía. Esta declaración trata de garantizar su protección y conservación. Mide 32 metros de altura y un radio troncal de 120 centímetros. En su tronco albergó una hornacina horadada en la que se guardó la venerada imagen, convertida en devoción insular en el viejo camino real llamado “Paso de la Cumbre”.

El Pino de la Virgen de El Paso es un soberbio ejemplar de unos 800 años

Resguardado por las imponentes paredes de La Cumbrecita y la Cumbre Nueva, el Pino de la Virgen es visible desde la distancia. La tradición histórica cuenta que allí fue apresado el indómito Tanausú por las huestes del adelantado Alonso Fernández de Lugo, que consiguió atraerlo mediante lisonjas y engaño. La aparición de la imagen se atribuye a su descubrimiento entre las ramas del gigantesco árbol por uno de los acompañantes del conquistador.

El ilustre cronista oficial de la ciudad de El Paso, el admirado colega y apreciado amigo Wifredo Ramos, explica que en 1876 fue construida una pequeña capilla de mampostería, a iniciativa de la vecina Magdalena Rodríguez Pérez (“Magdalena la del Pino”), convertida desde entonces en ermitaña del lugar. La construcción de la actual ermita comenzó en 1927 y en agosto de 1930 fue bendecida la imagen de la Virgen que conocemos en la actualidad, adquirida por cuestación popular.

Desde 1955 se celebra con carácter regular la fiesta trienal de la Bajada de la Virgen del Pino, que fue promovida por un grupo de vecinos de la época liderados por Braulio Martín Hernández, docente de grata memoria, Hijo Ilustre y Cronista Oficial de El Paso. Con el paso de los años, la romería ha ganado prestigio y trasciende las fronteras insulares, convirtiéndose en referencia regional y en señal de llamada de paisanos y amigos de La Palma, que acuden durante esos días a El Paso, convertido en referencia de la vocación mariana y la tradición festiva.

Foto: Archivo de palmerosenelmundo.com

palmerosenelmundo.com

septiembre 3, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Fernando Rodríguez Sánchez (Santa Cruz de La Palma, 1971) es el creador y administrador de la página web palmerosenelmundo.com. Un loable empeño de su autor que se ha convertido en punto de encuentro de los palmeros en la diáspora y de quienes residen en La Palma, pues cada día crece el interés por esta publicación, cuya meta “no es otra que compartir y aprender de nuestros antepasados, respetando así nuestra idiosincracia”. 

El proyecto comenzó en 2010 con la finalidad de “acercar la Isla Bonita a todas aquellas personas que en su día se vieron obligados a partir en busca de un futuro mejor fuera de Canarias”. La publicación digital no tiene ánimo de lucro y prueba de su importante despliegue es que en cuatro años de existencia, palmerosenelmundo.com está compartida en 18 redes sociales, leída en 54 idiomas y también está disponible en android. Recibe un promedio de 1.500 visitas mensuales y desde el comienzo de su andadura ha sumado casi treinta mil.

Fernando Rodríguez Sánchez es el autor de palmerosenelmundo.com

palmerosenelmundo.com promociona los valores de La Palma

En su buen y bien quehacer, Fernando Rodríguez Sánchez siente una especial atracción por los temas relacionados con su isla natal. En la actualidad es el secretario de la Real Sociedad Cosmólogica de Santa Cruz de La Palma, la más señera de las sociedades culturales. El autor de palmerosenelmundo.com posee un banco de imágenes de unas 14.500 fotografías de temas siempre relacionados con La Palma. Todas ellas están debidamente identificadas y en el caso de las que han sido cedidas, tienen el permiso correspondiente.

El trabajo constante y bien hecho encuentra su recompensa y cada día aumenta el envío de fotos y documentos, pues la publicación, además de que tiene muchos seguidores, también cuenta con colaboradores desinteresados que aportan material interesante. Fernando Rodríguez Sánchez y su esposa Nieves Castelló Sánchez recorren la isla fotografiando multitud de detalles con la sensibilidad propia de quienes sienten y aman a su tierra. Luego lo plasman en el universo digital y todos disfrutamos de un trabajo excepcional, que está en constante evolución y nos hace sentir mejores palmerosenelmundo.com.  

Foto: Nieves Castelló Sánchez

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