El puerto de Tazacorte en los años de la autarquía

noviembre 8, 2009

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Hasta el 18 de julio de 1936 se habían construido 40 metros de espigón del puerto de Tazacorte. El estallido de la guerra civil hizo que las obras se ralentizaran, primero y se pararan, después. Desde el comienzo de la guerra, el movimiento portuario se concentró exclusivamente en el puerto de Santa Cruz de La Palma. Por entonces la construcción de la carretera general del Sur había llegado a las cercanías de Tijarafe y la carretera del Norte enlazaba con Los Sauces.

El alcalde de Tazacorte justificaba la decisión de las autoridades del nuevo régimen argumentando el escaso número de buques que cubrían el servicio con la capital de la provincia, así como en la propia conveniencia de las casas consignatarias y en el interés de algunos políticos locales, que se plegaron a los intereses de las clases dominantes de la capital de la Isla en detrimento de las posibilidades del valle de Aridane.

Para colmo de males, en enero de 1938 se produjo un violento temporal que causó daños de consideración en las obras de avance del dique-muelle. El contratista pidió que se abriera expediente de declaración de caso fortuito o de fuerza mayor y en febrero de 1939, después de que la dirección de zona reconociera los daños causados, se ordenó la reparación de los daños.

En el citado año, el alcalde de Tazacorte, Manuel Pulido Martín, informaba a las autoridades que la recuperación económica de su municipio precisaba del restablecimiento de la actividad portuaria y de la reanudación de las obras del muelle. Para ello había que pedir a las compañías navieras que reanudaran el servicio entre Santa Cruz de Tenerife y Tazacorte y que la contrata para proseguir las obras se encomendara a otra empresa dotada de mejores y más eficientes medios.

En las semanas siguientes, el Ayuntamiento emprendió gestiones ante la Comisión Regional de la Exportación del Plátano (CREP) y el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, para reanudar el tráfico portuario en Tazacorte. Los principales cosecheros y exportadores de plátanos del Valle de Aridane, que representaban el 75% de la producción insular, coincidían en que para una mejor defensa de sus intereses era preciso restablecer la línea de cabotaje con la capital de la provincia, como se había hecho hasta 1936. Para asegurar la viabilidad del servicio, se comprometieron a embarcar toda la producción de sus empaquetados en los buques de Álvaro Rodríguez López.

La noticia del restablecimiento de la línea se recibió con gran entusiasmo en la zona occidental de La Palma. Sin embargo, dos semanas después, las promesas del armador tinerfeño no se habían cumplido y el alcalde de Tazacorte responsabilizaba del retraso en la reapertura de la línea frutera “a la oposición o resistencia pasiva” del agente consignatario en Santa Cruz de La Palma. De nuevo cundió en el ánimo de los sectores interesados la sospecha de las presiones ejercidas desde la capital insular para que la pretendida línea no se llevase a efecto.

Sin embargo, los problemas económicos derivados de la posguerra y de la II Guerra Mundial en curso, con una apreciable escasez de combustible y de repuestos para los camiones que transportaban la fruta, favorecieron a partir de 1940 la posibilidad de potenciar de nuevo el puerto de Tazacorte, que figuraba incluido en el Plan Nacional de Obras Públicas, lo que habría de significar el restablecimiento del tráfico portuario y la continuidad de las obras.

Barcos del cabotaje frutero, en la rada de Tazacorte

El Mando Económico
La sociedad palmera, en general y el sector frutero, en particular, atravesaba entonces una situación de penuria, derivada de la escasez de combustible, neumáticos y repuestos para los vehículos, de modo que en el punto álgido de la crisis, en 1942, el transporte por carretera estuvo a punto de interrumpirse, lo que alarmó a los productores y exportadores, así como a las propias autoridades. Para afrontar esta situación, el Mando Económico de Canarias tomó la decisión de rehabilitar el servicio de cabotaje como una fórmula efectiva para paliar la crisis.

Cuando se tomó esta decisión, el puerto de Tazacorte acusaba los estragos del oleaje y el abandono en que se encontraba desde hacía dos años. Como primera actuación para permitir el fondeo de los barcos se requería el dragado y acometer los arreglos más indispensables en el trozo de muelle y la escalinata de servicio, para permitir el embarque de la fruta de los camiones a las lanchas y su posterior transbordo en fondeo.

El capitán general de Canarias, Ricardo Serrador Santés, impulsó los trabajos y ordenó que una de las grúas instaladas en el puerto de Santa Cruz de Tenerife fuera trasladada a Tazacorte; dispuso, asimismo, la inversión de fondos del Mando Económico en la obra y la coordinación de las aportaciones del Cabildo Insular, de las empresas exportadoras del valle y del propio Ayuntamiento de Tazacorte.

“Los gestores municipales de Tazacorte -explica el historiador Salvador González Vázquez en su libro Historia de Tazacorte 1492-1975– plantearon al general Serrador que el 75% de la producción de plátanos de la Isla se hallaba en el valle de Aridane, y que esta riqueza podía verse arruinada si la crisis de los transportes impedía las comunicaciones terrestres entre la zona productora y el lugar de embarque. En su opinión, las obras debían prolongarse hasta concluir un muelle que asegurase la exportación frutera de la comarca. Además, el Ayuntamiento estimaba en cerca de tres millones de pesetas anuales el ahorro en carburante y material de transporte que se podía conseguir si la exportación se realizaba, permanentemente, por la salida natural del Valle de Aridane. En este período autárquico de acusado nacionalismo económico, los argumentos de los munícipes de Tazacorte llamaron la atención sobre el hecho de que el 80% de los gastos en gasolina, cubiertas, aceite, camiones y otros utensilios revertían en el extranjero”.

El Mando y los técnicos de Capitanía estaban de acuerdo en “la gran conveniencia de la obra”. El empeño puesto por la primera autoridad militar sorprendió gratamente a las autoridades y al propio pueblo, hasta el punto de que el general Serrador fue nombrado Hijo Adoptivo en sesión plenaria del 17 de agosto de 1942, “por el cariño y comprensión mostrado a Tazacorte”. En el mes de octubre del citado año, el capitán general Serrador gestionó en Madrid la redacción de un proyecto reformado del puerto, cuyo dique tendría unas dimensiones de 120 metros de longitud y nueve de ancho, lo que habría de permitir el atraque de buques fruteros de unas 6.000 toneladas de desplazamiento.

Mientras se aprobaba el nuevo proyecto reformado y se asignaba presupuesto para su construcción, la corporación municipal de Tazacorte propuso al capitán general de Canarias la creación de una Junta Pro-Puerto, para recaudar de las entidades exportadoras de plátanos del valle, un impuesto de diez céntimos en kilo de plátanos y cinco céntimos en kilo de tomates, que había sido previamente consensuado con los implicados, como contribución a la financiación de la obra.

El general Serrador aceptó la propuesta y en diciembre de 1942 ordenó iniciar los trámites de constitución de la citada Junta, que quedó registrada el 11 de enero de 1943. En el mes de abril, el Ayuntamiento de Tazacorte, por su parte, se comprometió a aportar una prestación de personal y de transportes, que obligó a todos los vecinos mayores de 18 años y menores de 50 a trabajar de forma gratuita durante quince días al año en las obras complementarias para la construcción del muelle.

De las vicisitudes sufridas por los promotores del puerto de Tazacorte se cuentan episodios de interés y otros curiosos, demostrativos del empeño que ponían en sus acciones, que bien merecen ser citados. Cuando el teniente de alcalde Toribio Rodríguez y un grupo de incondicionales visitaron al capitán general de Canarias, éste les preguntó quién respondería de la ejecución del puerto, cuyo “proyecto” había sido diseñado por ellos mismos y en el que había participado, de manera destacada, Antonio Pérez, contable de Armando Yanes, el general Serrador escuchó la siguiente respuesta:

-“¡Nosotros responderemos con nuestras propias vidas. Si la obra no sale adelante, nos fusila!”.

El “proyecto” de Toribio Rodríguez, realizado sin ayudas técnicas, ubicaba el muelle al Norte del barranco de Las Angustias. Parte del risco de El Time sería volado con dinamita para protegerlo de los tiempos reinantes del NO y la escollera caería supuestamente donde hacía falta. El “proyecto” no prosperó, porque, como aún dicen en Tazacorte, “los de Santa Cruz de La Palma no querían la obra y una noche se llevaron la dinamita”.

De pronto surgió un grave imprevisto. El repentino fallecimiento del general Serrador, el 23 de enero de 1943, debilitó las relaciones de Tazacorte y el Mando Económico. La corporación municipal temió entonces que los enemigos que siempre había tenido el progreso del occidente palmero aprovecharan la situación para paralizar la construcción del puerto.

En marzo del citado año, el alcalde de Tazacorte avisaba al nuevo capitán general de Canarias, Francisco García-Escámez, de que la principal empresa exportadora del valle de Aridane, la Corporación Agrícola de Argual, había encomendado a “un criado” para que recogiera firmas de otros cosecheros de la zona alta con la finalidad de coaccionar las órdenes que había dejado el general Serrador. Se protestaba por el impuesto de diez céntimos en kilo de plátanos que se pretendía recaudar para la construcción del muelle, mientras que otro de los mayores propietarios del municipio, Silvestre Carrillo, residente en la capital insular, presentó una reclamación ante la Delegación de Hacienda solicitando que se suprimiesen del presupuesto de 1943 del Ayuntamiento “las cantidades que figuraban en gastos para atender las obligaciones de la contrata de las obras del Puerto de Tazacorte”.

El general García-Escámez reaccionó con contundencia y cursó una comunicación al comandante militar de La Palma, coronel Valeriano Rubio, indicándole que “no estaba dispuesto a que prosperasen estos turbios manejos en contra de lo dispuesto por el Mando Económico”, considerando que se trataba de “un acuerdo que fue unánimemente aplaudido por todos los organismos que en él tomaron parte, y ahora, sin duda al faltar mi antecesor, creen que les ha de ser fácil el volverse atrás en lo pactado”. Asimismo, cursó instrucciones para que éste se pusiera en contacto con el alcalde de Tazacorte y le informara con detalle de cuánto ocurría, así como que comprobase personalmente lo denunciado, e igualmente averiguase si el encargado de recoger las firmas lo hacía de forma espontánea “o a los dictados de quien obedece” y le ordenaba, por último, que actuase “con toda energía para cortar esta campaña y dándome cuenta para mi superior resolución”, así como que vigilase “el más exacto cumplimiento de lo pactado, para que efectúen el pago del impuesto” y se le informase “de cualquier incidencia”.

Viendo la reacción del capitán general, cuya actuación estaba claramente definida a favor de los intereses de Tazacorte, la protesta de los agricultores de Los Llanos de Aridane y de sus patrocinadores se dirigió entonces al ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, quien ya había colaborado con el ayuntamiento aridanense en el pleito que ambos municipios habían entablado por los linderos. A su favor argumentaban que la construcción del puerto “no entraña ningún beneficio para la agricultura insular” y que el citado canon había sido impuesto sin la autorización legal correspondiente.

A raíz de esta denuncia, las actividades de la Junta Pro-Puerto se paralizaron. Sin embargo, después de una visita que hizo el capitán general al valle de Aridane, se ordenó la continuidad de los trabajos. Hasta el mes de abril de 1943 se habían recaudado más de 600.000 pesetas, que se emplearon en reparar las averías provocadas por los temporales, así como en aumentar el ancho y la longitud del espigón hasta alcanzar los 50 metros, y en la construcción de algunas casetas.

Unos meses después, la Delegación de Hacienda y el Gobierno Civil de la provincia abrieron una investigación sobre la legalidad y la contabilidad de la Junta Pro-Puerto de Tazacorte y mientras que desde el Ayuntamiento se insistía en que esta actuación formaba parte de una maniobra contraria a sus intereses y señalaba como inductor al “señorío de Argual”, excluía de ella a la figura de Fernando del Castillo Olivares, “por conocer su manera de ser, proceder, actuar y no aparecer”.

La situación se resolvió con el cese del ingeniero de las obras, que había emitido informes favorables para la construcción del puerto; también fue destituido el teniente de alcalde Toribio Rodríguez Acosta, principal promotor y en julio de 1943 se ordenó la disolución de la Junta Pro-Puerto de Tazacorte. El pulso, entonces, se había perdido.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 5 de septiembre de 2004

Foto: Archivo Díaz Lorenzo

Bibliografía:

González Vázquez, Salvador. Historia de Tazacorte 1492-1975. Santa Cruz de Tenerife, 2000.

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