Donde La Palma muestra su grandiosidad

noviembre 30, 2009

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Caldera de Taburiente tiene fama internacional. Desde hace más de ciento cincuenta años, caldera es el término empleado en toda la comunidad científica para definir determinadas estructuras volcánicas y ha sido tomado, precisamente, de este enclave, desde el momento en que empezaron a emplearlo geólogos y naturalistas que visitaron La Palma desde mediados del siglo XIX.

La Caldera de Taburiente muestra una parte importante de la historia geológica de La Palma, lo que la ha convertido en un lugar excepcional para la realización de numerosos estudios. Por esta razón siempre ha despertado un gran interés entre la comunidad científica internacional y, especialmente, entre los geólogos, de ahí que sea la parte de la Isla mejor estudiada en ese sentido. Entre ellos, el primero de gran prestigio que la visitó fue al alemán Leopold von Buch (1774-1853), uno de los defensores más influyentes de la teoría neptunista en geología y que hizo sus estudios basándose en la teoría de los cráteres de levantamiento.

Según el criterio que imperaba entonces, la Caldera se había formado debido al fuerte empuje que el magma profundo ejercía sobre unas coladas, provocando su levantamiento y fractura. Al desaparecer este empuje, la zona central se habría desplomado dejando un enorme espacio libre.

Posteriormente, y bastante avanzado el siglo XX, otros autores plantearon una teoría basada en grandes períodos de actividad magmática intercalados con períodos de erosión del agua y desprendimientos. En la última década de la pasada centuria, las nuevas teorías explican la formación de la Caldera debido a grandes deslizamientos por efecto de la gravedad y el efecto erosivo de las aguas, lo que explicaría los desplomes que han ocurrido en los últimos años, alguno de ellos de considerable magnitud.

El interior de la Caldera presenta unas formaciones geológicas de gran interés, donde se localizan las lavas más antiguas de la isla, componentes del denominado Complejo Basal, como son lavas almohadilladas, magmáticas plutónicas, diques basálticos y aglomerados, hasta las series más modernas de las paredes más verticales, compuestas por coladas, conos volcánicos, diques de basalto recuerdo de las antiguas chimeneas y restos de erupciones explosivas por acumulación de piroclastos de llamativos colores, sobre los que se apoyan algunos llamativos roques.

La Caldera de Taburiente es una inmensa depresión, que figura entre las más grandes del mundo de su tipo, rodeada por un circo de cumbres de unos ocho kilómetros de diámetro, en el que se encuentran las mayores altitudes de la Isla, como son el Roque de los Muchachos (2.426 m), Pico de la Cruz (2.351 m), Piedra Llana (2.321 m), Pico de la Nieve (2.236 m) y Punta de los Roques (2.085 m), entre otros.

Desde estas alturas, el relieve se desploma hacia el interior de la Caldera en escarpes casi verticales no inferiores a 800 metros, hasta alcanzar la cota de 430 metros sobre el nivel del mar en su parte más baja, lo que supone presenciar unos desniveles de aproximadamente unos 2.000 metros.

Por el Suroeste, la Caldera de abre hacia el mar a través del barranco de Las Angustias, que es el desagüe natural de los numerosos arroyos que existen en su interior. Al Sur se encuentra el collado de La Cumbrecita (1.310 m), cabecera del Valle del Riachuelo, que también forma parte del recinto, así como la ladera Sur del Bejenado.

El interior de la Caldera se encuentra surcado por un gran número de barrancos de impresionante belleza y sugerentes nombres, como es el caso de Cantos de Turugumay, Verduras de Alfonso, Altaguna, Faya, Rivanceras, Huanauao…, que confluyen en los dos principales, Taburiente y Almendro Amargo, cuya unión en Dos Aguas es el comienzo del barranco de Las Angustias. El espacio está compartido por numerosas crestas y roques, testigos presenciales de la erosión milenaria, entre las que destaca el monolito de Idafe, considerado uno de los referentes tradicionales de la cultura aborigen.

Además, dentro de la Caldera abundan las fuentes, los manantiales y las cascadas de gran belleza, entre las que destaca la Desfondada, de unos 150 metros de altura, y otra denominada Hoyo de los Juncos, de menor tamaño, aunque con un mayor caudal. Las aguas del barranco de Rivanceras, que nace en la zona del Complejo Basal, presentan un intenso color amarillento-pardo debido a la presencia de componentes ferruginosos, formando interesantes contrastes en la Cascada de los Colores, que es otro de los puntos de referencia más atractivos del enclave.

Clima
Los principales factores que determinan el clima de La Palma son, además del sistema de circulación de los vientos alisios, el relieve, la cercanía del continente africano y la corriente marina del Atlántico, que modera las temperaturas que corresponderían al archipiélago por la latitud en que se encuentran las Islas, razones que influyen en el clima que tiene el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

El interior de la Caldera desde lo alto del Bejenado

Vista aérea del barranco de Las Angustias

Así, en el interior de la Caldera se pueden encontrar ligeras variaciones climáticas en función de la altitud. En la zona baja (400-800 m) no se producen heladas, llueve poco y casi nunca se registran nieblas; en la zona media (1.000-1.500 m) domina un clima más contrastado en temperaturas, aunque no es frecuente que se produzcan heladas y presenta nieblas abundantes.

Por encima de los 1.500 metros las nieblas son menos habituales y las temperaturas son más frescas. Al superar los 2.000 metros, suele nevar cuando llega el invierno y, a veces, se produce el fenómeno de la cencellada, provocado por los vientos del Norte, que no traen nieve, sino hielo, pudiendo registrarse temperaturas de 10 grados bajo cero. La cumbre se caracteriza por la baja humedad relativa y las lluvias torrenciales en otoño e invierno, y después, por períodos de prolongada sequía.

Considerando el punto de vista geomorfológico, la Caldera es un espacio de excepcional interés y tiene un gran valor paisajístico, además de ejercer un papel fundamental en la captación de aguas y en la reposición freática del subsuelo. La población del pinar canario que contiene en su interior no sólo contribuye al mantenimiento de la biodiversidad, sino que, además, representa uno de los sistemas canarios más genuinos, donde se encuentran poblaciones vegetales amenazadas así como el hábitat único de varios endemismos.

Otros aspectos
La disposición legal que le otorga a la Caldera de Taburiente el rango oficial de Parque Nacional, según lo establecido en el decreto de 6 de octubre de 1954, se expresa en los siguientes términos:

“Indudables son los merecimientos con que ha dotado la Naturaleza al vasto circo montañoso y volcánico, donde se conciertan particularidades geológico-topográficas con las hidráulicas, dando lugar a sugestivos paisajes que se ofrecen en gargantas y barrancos, alternando con elevaciones; colosales piedras de diversos colores, monolitos, que emergiendo entre pinares, se estiran en largas agujas; dislocaciones de las montañas, rotas por la explosión del gran cráter; aguas cayendo en trombas invernales o en maravillosas cascadas; embalses de transparente líquido o el tranquilo discurrir de éste por suaves pendientes, en ocasiones acompañado de sales minerales que al depositarse en los fondos le imprimen un color anaranjado; y todo ello en un escenario de más de 3.500 hectáreas de extensión, de naturaleza brava con violentas emergencias y depresiones en un circo de picos que marcan altitudes de los 2.000 m. con espigones que se adentran en el interior del cono en afiladas proas de caprichosas formas, culminando la altura máxima en el ‘Roque de los Muchachos’, de 2.423 m. de altura.

La flora está caracterizada por el pino de Canarias, que cubre una gran parte de las vertientes de los barrancos, hallándose representadas como especies en tales alturas los tagasastes y codesos, que contrastan en color sobre el fondo negro de la piedra calcinada; retamas de las cumbres, tajinastes, brezos, fayas, laureles canarios y los interesantes y escasos barbuzanos”.

Además de la declaración de Parque Nacional en la citada fecha, la reclasificación por la ley 4/1981 de 25 de marzo, sobre el régimen jurídico y la ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres, que lo reclasificó como parque nacional y resolvió su integración en la red estatal de parques nacionales, existen otros mecanismos legales que apoyan su protección. Así es, por definición, área de sensibilidad ecológica en toda su extensión, de acuerdo con lo indicado en la ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Además, también ha sido declarada zona de especial protección para las aves según lo dispuesto en la directiva 79/409/CEE relativa a la conservación de las aves silvestres.

Por el Este, el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente limita con el Parque Natural de las Nieves y al Suroeste con el paisaje protegido del Barranco de las Angustias y en su interior se encuentra el monumento natural de Idafe, así como un sector del monte de utilidad pública denominado Ferrer, Ladera y Mancha. La antigua Junta Rectora fue sustituida por el Patronato, que, en el año de la celebración del cincuentenario de la declaración del Parque Nacional preside Francisco Sánchez Pérez, ex alcalde del municipio de El Paso, quien, en la actualidad, es el miembro más antiguo del mismo, mientras que la dirección técnica está a cargo del ingeniero Ángel Palomares.

La diversidad paisajística y la riqueza de especies endémicas que existen en la Isla de La Palma, ha permitido la existencia de otros espacios protegidos, entre los que destaca el monte de laurisilva de la Finca del Canal y Los Tiles, declarado Reserva de la Biosfera del Programa MAB de la UNESCO en 1983 -la primera de Canarias-, con una extensión inicial de unas 500 hectáreas, y la ampliación del catálogo de espacios protegidos, con la inclusión, a partir de 1987, de casi una veintena de ellos, cuya declaración ha sido promovida por el Gobierno de Canarias.

Dicho en otros términos, el 35 por ciento de la superficie de la Isla está legalmente declarada Espacio Natural Protegido. Este alto nivel de protección es consecuencia de la excepcional naturaleza de la isla, donde se entremezclan agrestes barrancos de exuberante vegetación con lavas de erupciones históricas, así como imponentes poblaciones de majestuosos pinos canarios.

En relación a la Reserva de la Biosfera, en 1998 se produjo la primera ampliación, que alcanza a toda la comarca noroeste de La Palma, con una extensión de 13.391 hectáreas. En 2002, la UNESCO amplió la citada Reserva al conjunto de toda la isla, así como a los dos espacios marinos protegidos: la Reserva Marina de Fuencaliente, al Sur y el Lugar de Interés Comunitario de la Costa de Garafía, en el Norte.

De la superficie terrestre de La Palma, el 14% está clasificado como zona núcleo de la Reserva; un 36% como zona ‘tapón’ y el 50% restante como zona de transición. El territorio de la primera Reserva de Biosfera de Los Tiles sigue clasificada como zona núcleo, es decir, aquella zona más importante para la conservación del patrimonio natural y la biodiversidad.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 24 de octubre de 2004

Fotos: Juanjo Rubal y Juan Carlos Díaz Lorenzo

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