El encanto rural de Puntagorda

enero 9, 2010

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A Celso Rodríguez Riverón, alcalde de grato recuerdo

Puntagorda tiene un encanto especial. Es verdad que todos los pueblos de La Palma tienen su encanto, si bien, en este caso, apreciamos un atractivo especial dentro del ámbito rural de la isla, por lo armónico y variado de su paisaje y por la convergencia de diversos elementos que le caracterizan y que iremos desgranando en el transcurso de esta crónica dominical.

Pueblo tradicionalmente agrícola, situado en la comarca noroeste de la isla, se ha mantenido fiel a sus tradiciones y con una identidad definida. Ocupa una superficie de 28 kilómetros cuadrados en una ladera que desciende desde los 2.200 metros de la crestería insular hasta el mar, en poco más de doce kilómetros de recorrido, por lo que presenta una pendiente considerable que termina en un imponente acantilado de unos doscientos metros de altura, aproximadamente.

Puntagorda tiene dos grandes fronteras naturales que sirvieron, en su momento, para su delimitación administrativa: el barranco de Izcagua, al Norte, sirve de lindero con Garafía y el barranco de Garome, al Sur, sitúa el límite con Tijarafe. El primero de ellos nace junto a Roque Chico, situado en las proximidades del Roque de los Muchachos. Después de saltar el primer escalón en los Calderos Bermejos, recibe varios afluentes entre laderas de pronunciada pendiente, hasta formar un espectacular cañón a partir de Juanianes. El barranco de Garome también nace cerca del anterior, con unos rasgos similares. A partir del Llano del Lance acentúa su cauce, que se agranda en profunda escotadura cuando se acerca a su desembocadura, siendo espectacular la panorámica que puede admirarse desde el mirador próximo a Tinizara.

El eminente profesor palmero Leoncio Afonso, en el capítulo dedicado a Puntagorda en la monumental enciclopedia Geografía de Canarias (Edirca, 1985), señala que el rasgo dominante del paisaje está constituido por los conos de piroclastos, repartidos de manera irregular por todo el territorio, aunque sin unas claras líneas eruptivas y sin que existan grandes diferencias temporales entre ellos, indicando, al respecto, que “no todos destacan por su elevación en el terreno, pero sí sobre los rellanos y rehoyas en sus alrededores”.

La situación del municipio a sotavento del alisio determina el clima de la localidad, expuesto, cuando se producen, a las borrascas atlánticas. Se trata de una zona soleada y árida, con una larga estación seca, aunque suelen producirse precipitaciones abundantes. Sin embargo, hasta que llegó el agua canalizada de las galerías de Garafía -maná de salvación para una parte importante de la isla- los años secos eran muy duros, y aunque una parte de las casas disponían de aljibes, resultaba difícil llenarlos.

Los magníficos pinares de Puntagorda constituyen el elemento dominante de su paisaje. El más importante es El Fayal o Monte de Lucía, situado en la zona norte, próximo al barrio de El Pinar. En el transcurso de los años, parte del bosque ha sido sustituido por los cultivos de almendros y viñedos, otros dos elementos característicos del paisaje agrícola del municipio. La estilizada forma que tienen los pinos se debe a la costumbre de su poda bianual, de ahí que se produzcan llamativos brotes a lo largo del tronco.

En las inmediaciones de El Fayal se encuentra el mercadillo del agricultor, uno de los mejores exponentes de su tipo en la isla. Todo el espacio está salpicado de bellas casas de arquitectura tradicional, con aljibes, pajeros, eras, lagares y bodegas en los que se elaboran los afamados vinos de tea, característicos de la comarca del Noroeste palmero.

El poblamiento actual se sitúa entre los 500 y 800 metros de altura, debido, sobre todo, al progresivo avance de la población hacia tierras de mejor rendimiento y condiciones meteorológicas. Sin embargo, los orígenes de Puntagorda se encuentran en las proximidades de la primitiva iglesia de San Mauro, situada a 450 metros de altura, que acabaría siendo abandonada y sustituida por otra construida a 600 metros de altura, mientras que en la zona baja sólo quedan algunas casas abandonadas y semiderruidas. Desde hace algunos años, los nuevos regadíos de hortalizas -con la ayuda de una balsa del Cabildo- y los plátanos han logrado revalorizarla. Prueba de ello es que en los alrededores de la montaña de Matos, las manos laboriosas de los puntagorderos han logrado fértiles y productivas plantaciones de plátanos, frutales y viveros.

El antiguo templo de San Mauro Abad, conocido popularmente por San Amaro y con una larga tradición romera (ver Diario de Avisos, La vieja iglesia de San Mauro abad, 09/10/2005), está situado en las proximidades del barranco de su mismo nombre, llamado también de las Piñas. Un incendio ocurrido el 31 de agosto de 1811 devoró el archivo parroquial, que se encontraba depositado en la casa del cura, la misma que, desde hace muchos años, amenaza severa ruina, con caída de una de sus paredes y grave deterioro del conjunto, en el que destacaba un magnífico ejemplar de balconada situado a poniente. Del mismo modo que, después de un largo proceso, en agosto de 2002 finalizó la tan ansiada restauración del histórico templo -fundado a mediados del siglo XVI y considerado entre los primeros de la isla-, urge la restauración de la casa parroquial, ejemplar de singular belleza arquitectónica.

La costa, abrupta y de difícil acceso, resulta característica común en este sector de la isla, que va desde el corte a plomo de El Time hasta el declive de Puntallana. Antaño, el pequeño embarcadero de Rodríguez se había convertido en punto de transacción de mercancías y de tráfico de personas que iban y venían en las lanchas de cabotaje en su recorrido hacia el valle de Aridane y la capital de la isla, aunque la mayoría de las veces, la gente iba caminando por los senderos atravesando la cumbre y los caminos reales que comunicaban con el valle de Aridane.

La iglesia de San Mauro "el viejo", enmarcada en un paisaje rural

Punta Izcagua se encuentra en la margen izquierda del barranco de su mismo nombre. A siete cables -un cable es la décima parte de una milla, 185,2 metros- y al rumbo 222º de este punto, existe una piedra muy característica conocida por Roque del Molino. Desde aquí, la costa forma un alto y escarpado frontón, que corresponde a la parte más occidental de La Palma, en la que destacan los siguientes accidentes geográficos: Punta Gorda, a dos cables al rumbo 215º del Roque del Molino; la piedra Paloma o Roque de Los Guinchos, situada a seis cables al Sur de Punta Gorda, en la que se localiza la Baja de Los Guinchos; y la Punta de Las Llanadas, que dista 1,2 millas al Sur de Piedra Paloma. Toda la costa, desde el Roque del Molino hasta la Punta de Las Llanadas, está salpicada de numerosas piedras.

Al Sur de la Punta de Las Llanadas existe una baja llamada Roca Gorda y próximo a ella, hacia el Sur, se encuentra el fondeadero de Puntagorda, en el que pueden hacerse operaciones al tratarse de un buen tenedero y seguro, incluso para pasar la noche cuando el brisote está entablado. Los almacenes de este embarcadero están formados por cuevas excavadas en la roca. Hasta la Punta Gomeros, distante cinco millas al rumbo 156º, la costa avanza limpia y sin accidentes notables.

Los acantilados que rodean la desembocadura del imponente barranco de Izcagua han sido declarados Monumento Natural de la costa de Hiscaguán, según lo contemplado en la Ley de Espacios Naturales de Canarias.

El municipio comprende cuatro barrios principales. El Pueblo, conocido también como El Pino, es el núcleo central, donde se encuentra ubicado el Ayuntamiento, la nueva iglesia de San Mauro y diversos servicios (oficinas bancarias, bares, restaurantes y otros establecimientos). Debe su nombre, precisamente, al soberbio ejemplar de pino canario, llamado Pino de la Virgen, extraordinario referente de toda la comarca y aun de la isla, por el que antaño discurría el camino real -luego convertido en carretera hasta su sustitución por la nueva vía de acceso- que conducía al antiguo templo de San Mauro Abad, situado a poco más de dos kilómetros de distancia.

El Pinar es el barrio de mayor población y se sitúa en una ladera con escasa pendiente a partir de los 700 metros de altura. Es la mejor zona agrícola del término, con tierras de buena calidad situadas en el rellano entre el barranco de Izcagua y el de San Mauro. Junto al antiguo cruce se encuentra la sociedad Cuatro Caminos, una de las más conocidas de la comarca, lugar en el que se celebran frecuentes fiestas y bailes. Desde hace unos años, aquí se celebra la Fiesta del Almendro en Flor, claro referente del calendario insular. En las proximidades se encuentran las Escuelas de Formación Profesional, que aglutinan a los alumnos de la comarca.

Llanos de Pintos, localizado a 450 metros de altura, es un rellano originado por los antiguos volcanes costeros de Matos y La Negra. En otra época, estos llanos tuvieron gran importancia agrícola, como zona productora de cereales y viñedos, y en la actualidad están los asientos de algunos regadíos, a pesar de que la zona se ve muy afectada en verano por el alisio.

El mirador de la Montaña de Matos está situado en la zona costera de El Pinar. Cuando se llega a pie hasta la cima, es posible observar los campos de cultivo de la zona, los acantilados de la costa y parte del territorio del vecino municipio de Garafía, dominado por el barrio de Las Tricias, situado al margen derecho del barranco de Izcagua.

El Roque es el primer barrio de Puntagorda que encontramos cuando se accede por el sur. Abundan los conos volcánicos, de los cuales el más alto corresponde a la montaña Garome, que forma pareja con La Rubia, y más hacia el norte se localizan otras montañas, entre las que se forman diversas hoyas.

Además del mirador de El Roque, en el paisaje destaca la presencia del viejo molino de “los venteros” construido en 1890 (ver DIARIO DE AVISOS, La generosa fuerza del viento, 14/03/2004), rodeado de un conjunto típico del entorno agrario, formado por una casa canaria que también albergó una venta; lagar, bodega, era y aljibe. En 1934, cuando las aspas del viejo molino cesaron su diálogo con el viento, tomó el relevo la molina movida por un motor diésel, cuyos compases eran característicos de su constante actividad.

Durante años, muchos a decir verdad, y especialmente en la posguerra, los vecinos de la comarca noroeste venían caminando hasta aquí para moler sus granos y convertirlos en gofio con que saciar el hambre. Mientras esperaban, la vera del camino se convertía en punto de encuentro y diálogo de los que iban y venían.

Además de este molino, en Puntagorda existe también otro interesante ejemplar ubicado en el barrio de El Pinar, en el lugar conocido La Relvalarga. Los molinos palmeros presentan la característica de que están construidos íntegramente en madera, siendo especialmente famosos los diseños y construcciones de Ortega.

Asimismo, el barrio de Fagundo posee una importante actividad agrícola. En la zona costera de este enclave se encuentran plantaciones de plátanos y aguacates, inmersas en un bello paisaje natural.

En los últimos años, en Puntagorda se ha habilitado una serie de miradores que permiten la contemplación de magníficas panorámicas. Entre ellos, además de los citados, figura el mirador de los Dragos, situado en el barrio de El Roque, junto al antiguo camino real, desde el que se puede admirar un magnífico ejemplar del legendario árbol, derribado parcialmente por su pesada carga de años a mediados de la década de los setenta, y una vista del barranco de El Roque.

El mirador de Fátima está situado en el barrio de Fagundo y al mismo se accede a través de un bonito sendero, desde el que es posible apreciar una amplia panorámica que abarca de mar a cumbre a su paso por los barrios de Facundo y El Pinar.

El mirador de Miraflores está situado en el barrio de El Pino, donde antaño existió otro molino de viento. Por su estratégica posición, ofrece unas magníficas vistas de El Pino y El Pinar, con sus casas y cultivos. Cuando llegan los meses de enero y febrero y los almendros están en flor, el paisaje se convierte en un escenario idílico. Todo un espectáculo gratificante, esencia de un pueblo laborioso.

Publicado en Diario de Avisos, 4 de noviembre de 2007

Foto: Fernando González Dörner

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