Las nubes de La Palma

enero 24, 2010

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Palma posee unas condiciones geográficas y orográficas excepcionales. La gran elevación de sus cumbres, hasta alcanzar los 2.426 metros de altura en el Roque de los Muchachos, en una superficie de 704 kilómetros cuadrados, convierte a la isla en una de las más altas del mundo en relación a su superficie.

La posición oceánica y latitudinal, en el cinturón de las altas presiones subtropicales, confiere al cielo de La Palma una limpieza y una luminosidad extraordinarias, así como un característico color azul intenso durante el día y una excelente visión del firmamento durante la noche. Estas poderosas razones, entre otras, han hecho de La Palma un territorio idóneo para las observaciones astronómicas, lo que ha motivado el asentamiento del mayor complejo astrofísico del hemisferio norte.

La variedad de microclimas existentes hacen del territorio insular un continente en miniatura, que motivan una sorprendente variedad de paisajes y de singular belleza, con ecosistemas diferentes situados a muy poca distancia y que ha sido uno de los reclamos de la promoción turística de la isla, lo que ha contribuido, sin duda, al conocido calificativo de “Isla Bonita”.

Si consideramos el ámbito estrictamente meteorológico, las consecuencias de las condiciones geográficas también se hacen evidentes, pues La Palma tiene un cielo único, en el que en ocasiones aparecen nubes de extrañas y caprichosas formas, que son difíciles de ver en otros lugares del archipiélago.

Este es el argumento principal del libro titulado “Las nubes de La Palma”, del meteorólogo valenciano Fernando Bullón Miró, miembro del Servicio de Meteorología del aeropuerto de La Palma, recientemente publicado por AENA, en el que nos muestra un interesante y original recorrido fotográfico por el cielo de la isla.

En el libro se recoge el trabajo paciente de unos cuarenta autores, que han contribuido con imágenes captadas en diferentes momentos y nos acercan con detalle y pulcritud al singular impacto que generan las nubes. En concreto, están presentes las 69 fotografías presentadas en una exposición que se celebró en el aeropuerto de La Palma en febrero de 2003, más otro centenar que completa el recorrido fotográfico.

Además del espectacular “mar de nubes” que se desploma en la cordillera de Cumbre Nueva o invade el interior de la Caldera de Taburiente, las nubes más vistosas y fotogénicas que se producen en La Palma son las que se forman en el seno de las ondas de montaña. La elevada altitud de la isla y su condición oceánica hace que estas aparezcan aisladas en el cielo y, al mismo tiempo, las dimensiones relativamente pequeñas del territorio insular hacen que estas sean también de menor tamaño en comparación con las nubes que se suelen formar en las cordilleras de las zonas continentales. De ahí que en La Palma se produzcan nubes propias de alta montaña, aunque con sus propias características.

La Palma constituye, además, un importante obstáculo anclado en medio del Atlántico, que altera los flujos de viento superficiales, “de tal manera que en ocasiones -señala Fernando Bullón- parece estar jugando con las nubes, formándolas, rompiéndolas y modelándolas en un proceso incesante”.

La influencia del relieve en la meteorología y la climatología de cada zona de la isla constituye un factor determinante, debido no sólo a la gran elevación de las cumbres, sino también a la habitual presencia de humedad y nubosidad en las capas más bajas de la atmósfera.

La inversión térmica generada en el seno del anticiclón de las Azores, que afecta al archipiélago canario durante casi todo el año, provoca que la mayor parte de los días la nubosidad y los fenómenos meteorológicos queden posicionados entre los 1.500 y 2.000 metros, sin que pueda superar la elevación de las cumbres palmeras, quedando las zonas mejor expuestas a los alisios cubiertas con nubosidad, mientras que las zonas localizadas a sotavento, y las situadas por encima de la inversión, permanecen con el cielo despejado.

La disparidad en el reparto de las precipitaciones se refleja claramente en la media anual, de manera que en la zona Nordeste, expuesta a los alisios, se superan los 1.300 mm. y constituye el área más lluviosa de todo el archipiélago. Sin embargo, en algunas áreas costeras del Oeste de La Palma no se alcanzan los 200 mm. anuales, cantidad que más bien parece propia de áreas desérticas. A ello se suma el hecho de que la zona favorecida por el alisio y el mar de nubes recibe mucha menor insolación y, además, se ve beneficiada por la lluvia horizontal, que en ocasiones aporta más cantidad de agua que la lluvia vertical, por lo que las diferencias en el ambiente son aún mayores.

Lo más sorprendente de la meteorología palmera se produce cuando una perturbación atmosférica afecta a la isla. Las condiciones de tiempo son diferentes en cada una de las zonas, aunque estén situadas a muy poca distancia. Así, el paso de un frente frío puede provocar simultáneamente que en unas zonas haya viento, niebla, lluvia y que en otras el cielo esté despejado. Además, esas condiciones tan diferentes pueden mantenerse durante horas o incluso días enteros. El caso más extremo se produce cuando nieva en las cumbres -con temperaturas bajo cero-, niebla y fuertes vientos, y al mismo tiempo, y a muy pocos kilómetros a distancia, se puede disfrutar del sol, viento en calma y agradables temperaturas en el litoral.

Los vientos dominantes en Canarias procedentes del Nordeste, los alisios, llegan a La Palma tras un largo recorrido marítimo, cargados de humedad en las capas inferiores, formándose nubes bajas que no alcanzan los puntos más elevados de la isla. Se pueden disfrutar entonces, desde las altas cumbres, de la espectacular visión del famoso “mar de nubes”.

Curiosa forma de una nube en forma de plantillo volante

Las formas caprichosas sorprenden por su notable desarrollo

Por encima, la atmósfera se muestra libre de nubosidad y con una visibilidad excelente, asomando en el horizonte las cimas de las islas de El Hierro, La Gomera y Tenerife, sobre la que destaca El Teide. Mientras tanto, en las laderas que quedan a sotavento, el “mar de nubes” desciende y provoca la formación de sorprendentes y vistosas “cascadas de nubes”.

El fenómeno se hace especialmente atractivo sobre la cordillera de la Cumbre Nueva, a unos 1.400 metros de altitud, donde la masa nubosa se desploma literalmente a sotavento en una “cascada” de dimensiones espectaculares, que cautiva a propios y extraños.

Cuando los vientos fuertes remontan la isla se forman ondas de montaña a sotavento, en cuyo seno se generan curiosas nubes denominadas “nubes de onda”, que permanecen estáticas durante horas cambiando continuamente de aspecto y adoptando formas muy variadas y caprichosas. Las nubes más bajas giran sobre sí mismas en el seno de ondas llamadas “rotores”. A mayor altura aparecen otras nubes que tienden a adoptar aspecto de lentes y a veces se parecen a los platillos volantes. Son las “nubes lenticulares”.

Por la orientación geográfica de La Palma, los vientos alisios circulan oblicuos a las costas septentrionales y orientales, lo que produce desviaciones de dirección originadas por la orografía litoral y origina a lo largo de la masa montañosa una banda nubosa, con las características propias del “mar de nubes”.

Desde Punta Cumplida, en Barlovento, se manifiestan dos direcciones en el alisio: una hacia el Oeste, que bordea la Punta del Mudo, en Garafía, en donde una nueva desviación tangencial sigue la costa hasta Puntagorda y la otra bordea la vertiente oriental. Aquí ocurre un hecho interesante, ya que se establece una zona de calmas, en la que escasean las nubes y la insolación y la evaporación es muy elevada.

Como consecuencia de esta dirección oblicua, en algunos tramos, paralelo a la costa y como el espesor del flujo del alisio no excede de 700 metros -sólo en casos excepcionales alcanza los 1.400 metros-, la orografía del litoral origina numerosas sombras eólicas, produciéndose en consecuencia una gran variedad de climas locales, sin que falten, incluso, pequeños efectos Foehn en la vertiente oriental.

Ello permite establecer una serie de delimitaciones, explica el eminente catedrático palmero Leoncio Afonso. Así, desde Punta Cumplida hasta el barranco de La Galga se extiende una zona orientada al NE, que se caracteriza por una mayor suavidad en el flujo del alisio en su ascendente por la pendiente y que no se acelera por desviación.

En la costa de Puntallana se produce la aceleración del alisio por desviarse al tropezar con las montañas de Tenagua y Zamagayo, cuyas cimas rebasan los 500 metros. Este obstáculo orográfico origina una sombra eólica que cubre la costa hasta el Lomo de La Oveja, en las Breñas. Estas condiciones climáticas justifican la ausencia de laurisilva, salvo en las umbrías de los barrancos y permiten a las xerófilas de costa trepar hasta el límite inferior del pinar.

Hacia el Sur se acelera el alisio y la altura no favorece la formación y acumulación de la capa de nubes. Durante el día, la virazón adquiere su máxima intensidad en las horas más calurosas, es decir, cuando el gradiente término horizontal entre tierra y mar registra sus valores más altos. Las temperaturas relativamente reducidas y la elevada humedad relativa se explica por la existencia de reliquias de vegetación umbrófila cerca de las zonas costeras, como son barbuzanos, mocaneros, etcétera.

Entre La Rosa y Velhoco se produce una gran acumulación del “mar de nubes” y se combina con la brisa, ya que no puede rebasar, o lo hace débilmente, la arista montañosa. El clima es templado y húmedo, con primaveras frescas, lloviznas y días cubiertos e incluso en los meses de junio y julio se registran algunas precipitaciones.

Desde Tiguerorte hasta la Punta de Fuencaliente impera un clima influenciado por la gran aceleración del alisio, con vientos de cierta intensidad paralelos a la costa, que produce en ocasiones el efecto Foehn e impide la acumulación de nubes en las cumbres. En la Punta de Fuencaliente se distingue claramente en el mar la línea divisoria del avance del alisio.

La inversión pierde altura en dirección Norte-Sur. En Mazo se produce a una altura inferior -entre 300 y 400 metros- a la de Barlovento, debido al ángulo de incidencia en el relieve y la aceleración a lo largo de su recorrido, siendo entonces menor el ascenso de la capa húmeda. Un panorama similar ofrece el alisio en Garafía, en la zona de Llano Negro, que es el límite Oeste del mar de nubes y cuando tiene una dirección más hacia el Norte alcanza a Hoya Grande. En la costa, el viento NE se acelera en Juan Adalid y más al Sur en Lomada Grande, hasta alcanzar Puntagorda, aunque sin la escolta de las nubes.

La altura de la Cumbre Nueva permite que el manto de nubes la desborde con frecuencia y en su descenso por la vertiente de sotavento aporte humedad suficiente para mantener la formación de fayal-brezal en la ladera. Sólo en la parte Norte, que es más alta, se encuentra el pinar. Sin embargo, la altura de la Cumbre Vieja no permite que el alisio la rebase, por lo que domina el pinar, que desciende a zonas más bajas, dadas las condiciones climáticas.

El valle de Aridane, normalmente protegido del alisio, está muy afectado por las invasiones africanas, registrando elevadas temperaturas y en ocasiones la presencia de aire sahariano resulta brutal, llegando a registrar los termómetros más altos del archipiélago.

Pese a la benignidad del clima canario, en ocasiones -como en el invierno que estamos viviendo- se producen fuertes borrascas que originan fenómenos violentos e imágenes poco habituales, cuyos antecedentes se remontan, en algunos casos, a varios años o décadas atrás. Cuando las borrascas atlánticas se acercan a La Palma se originan fuertes vientos, cuya velocidad se acelera debido al relieve insular. En ocasiones alcanzan registros huracanados y constituyen un mal trago para la agricultura palmera.

Entre los fenómenos meteorológicos especialmente adversos y recientes hay que recordar el acontecido el 20 de noviembre de 2001, fecha en la que mientras una fuerte tormenta descargaba en las cresterías y provocaba cascadas cayendo por las paredes de la Caldera, en la parte baja, por donde caminaban los senderistas, el sol continuaba brillando, lo que hizo que éstos fueran sorprendidos por la avalancha de agua que corrió por el barranco de Las Angustias. Asimismo, en los meses invernales se pueden producir súbitas irrupciones de vientos fríos del Norte que dejan las cumbres cubiertas de nieve y hielo. Las tormentas eléctricas, sin embargo, son poco frecuentes.

Por último es de destacar que cuando la nubosidad se rompe debido al elevado relieve insular, genera unos huecos que permiten el paso de los rayos solares e inciden directamente sobre las cortinas de lluvia, lo que origina el siempre llamativo fenómeno del arco iris, que puede observar con relativa frecuencia en la isla de La Palma.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 6 de marzo de 2005

Fotos: Antje Dieckmann y Fernando Bullón

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