Una guía turística de los años veinte

febrero 27, 2010

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Por unánime opinión de cuantos turistas la visitan, la Isla de La Palma es una de las más pintorescas, interesantes y atractivas del mundo”. Así comienza el texto de una guía turística editada a finales de la década de los años veinte del siglo pasado por el Patronato de Turismo del Cabildo Insular de La Palma.

La publicación consta de 52 páginas con textos en castellano, inglés y alemán y una treintena de fotografías en sepia. La portada es una pintura panorámica de Santa Cruz de La Palma y la contraportada el mapa de la Isla en dos colores.

La red de carreteras llegaba, por el Norte, hasta Puntallana y por el Sur, hasta Tazacorte. El resto estaba en obras o en proyecto. Desde el puerto de Santa Cruz de La Palma se dibujan líneas marítimas que enlazan con Tenerife, Cádiz, Barcelona, Londres, Hamburgo, La Habana, Nueva York y Buenos Aires. El huecograbado de la publicación se realizó en los talleres de Santiago Mumbrú, en Barcelona.

Como es lógico, la guía turística resalta los indudables atractivos naturales de la Isla. “Además de tener en su centro el mayor cráter que existe sobre la Tierra, y de contar con las más altas cumbres en relación con su superficie, posee una incomparable belleza y variedad en sus panoramas, un clima templado y uniforme, una constitución geológica de excepcional interés y una flora única, que permite los cultivos de todas las latitudes y produce especies vegetales típicas o que han desaparecido totalmente en los restantes países”.

Destaca la publicación que la Isla de La Palma, “situada en la ruta directa” de la navegación de Europa a América, es una de las que forman el grupo occidental del archipiélago canario y su capital, Santa Cruz de La Palma, “cuenta con un puerto seguro y un muelle de atraque”.

Distante de Cádiz unas 700 millas, “los confortables buques” de la Compañía Trasatlántica Española hacen escala en este puerto, en las líneas de Cuba-Nueva York y de Fernando Poo, con salida inicial desde Barcelona. Asimismo, “los modernos barcos” de la Compañía Trasmediterránea tienen establecido un “rápido servicio” desde Cádiz, Sevilla y Barcelona a la isla de La Palma. “También, y en unos cinco o seis días de navegación” los vapores de la Compagnie Générale Trasatlantique comunican directamente el puerto de Le Havre con el de Santa Cruz de La Palma.

El puerto de Santa Cruz de La Palma y, atracado, el vapor "Río Francolí"

Existían, además, otras posibilidades de comunicación marítima para visitar la Isla, como bien destaca la guía y entre ellas la compañía británica Yeoward Line, que tenía un servicio bisemanal desde Londres a Canarias, con escalas en los puertos de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. “Hállase el de Santa Cruz de La Palma a no mayor distancia de 140 millas del primero y a unas 100 millas del segundo, y puede hacerse el viaje, con entera comodidad y rapidez, en los inmejorables vapores de la Compañía Interinsular, que tiene establecido un económico servicio bisemanal con la Isla de La Palma”.

Para visitar el interior de La Palma, la publicación destaca que “existe un buen servicio de automóviles-correos y de automóviles públicos, con tarifas perfectamente reglamentadas que imposibilitan todo abuso en los precios del transporte”. Para tranquilidad de los visitantes, “el telégrafo y el teléfono enlazan la capital con las poblaciones de la Isla, y el cable submarino la pone en comunicación con el resto del archipiélago y del mundo”.

Los epígrafes de la publicación abarcan todas las posibilidades. “¿Desea usted que un simple paseo en automóvil le permita contemplar, en pocas horas, los más hermosos, variados y opuestos panoramas? ¿Quiere Vd. admirar el mayor cráter del mundo? ¿Le interesa a Vd. ver la Isla más pequeña y más alta del planeta? ¿Quiere Vd. vivir una perpetua primavera, sin los rigores de las estaciones extremas? ¿Se halla Vd. convaleciente, sufre alguna enfermedad? ¿Necesita Vd. simplemente tranquilidad y reposo? ¿Le interesan a Vd. las curiosidades arqueológicas, los vestigios de antiguas razas, las obras de arte en general? ¿Es Vd. aficionado a los estudios geológicos, botánicos y zoológicos? Para todas estas preguntas, la guía ofrece puntual respuesta.

En la redacción del texto, el escritor derrocha imaginación y, en ocasiones, otorga libertad plena a su prosa:

“La Isla de La Palma constituye un caso único por las bellezas naturales que atesora y por ofrecer al visitante infinitas perspectivas en el menor espacio posible. Cada curva de sus carreteras descubre un nuevo panorama, enteramente distinto de los ya admirados, formando interminable gama de paisajes que abarca desde la agreste severidad de los ‘fiords’ noruegos o las cumbres alpinas, a la exuberante vegetación luminosa y risueña de las selvas tropicales y de las planicies de la caña de azúcar y las palmas reales”.

“Los profundísimos barrancos que cortan la isla en todas las direcciones, los innumerables conos y cráteres de volcanes extinguidos de que se halla erizada en su derredor, su pintoresca flora, los enhiestos picachos que la coronan, obran el milagro de que, en un segundo, el valle apacible y frondoso se trueque en la dantesca desolación de un sombrío tapiz de lava petrificada -vestigios abundantes de pasadas erupciones volcánicas-, y que a esta visión sin par siga instantáneamente la de un bosque de gigantes pinos o la del rizado y verdoso mar de extensísimos platanales. Todo ello contemplado desde la incomparable terraza de sus carreteras, que serpentean a grandes alturas -hasta 800 metros- sobre la costa, la que nunca se pierde de vista, y que permiten admirar, como desde un avión, apocalípticos abismos, rientes pueblecillos suspendidos en las vertientes de las montañas, festones de espumas que bordean los ingentes acantilados costeros, mares de nubes de los que emergen las cimas de las vecinas islas.”.

El mayor cráter del mundo
Uno de los apartados más llamativos se refiere a la descripción que hace de la Caldera de Taburiente. “Es un antiquísimo volcán monógeno, apagado. La sola enumeración de sus dimensiones da idea de su imponente grandiosidad: mide 28.000 metros de contorno, 9.000 de diámetro y 707 de profundidad. Puede decirse que la Isla de La Palma está constituida por este gigantesco cráter, los altos picos que lo rodean y las estribaciones montañosas que de él, por todos lados, bajan hasta el mar”.

“Aparte del gran interés científico que reviste un cráter sin igual, no se trata, como pudiera creerse, de una inmensa sima u oquedad escueta, desnuda de vegetación. Por el contrario, su valor panorámico es incalculable, pues, además de lo grandioso de su conjunto -difícilmente fotografiable por lo mismo; solamente desde un avión, a gran altura, podría impresionarse su totalidad-, encierra variadísimos e indescriptibles paisajes”.

“Por las imponentes rocas de sus muros desciende el agua torrencial y abundante, insondables abismos las cortan de trecho en trecho; helechos gigantes, añosos y corpulentos pinos trepan por las vertientes de los barrancos, y toda suerte de árboles, arbustos y plantas silvestres forman un incomparable decorado natural de esta maravilla geológica; profusión de aves y animales salvajes la pueblan; en su centro, se conserva erecto un inmenso monolito sagrado, llamado Idafe, que servía de altar a los primitivos indígenas para adorar al dios Abora. Y todo rodeado de un anfiteatro rocoso, en el que se destacan inaccesibles crestas y agujas, frecuentemente blanqueadas por la nieve”.

Hace mención, asimismo, al barranco de Las Angustias, desagüe natural de La Caldera, “que muere en el mar, junto al pintoresco pueblo de Tazacorte, es de una anchura y una profundidad excepcionales, a tono con el caudal de agua que aquélla vierte por su cauce”.

La guía turística propone al visitante una serie de excursiones y, entre las más interesantes, destaca las siguientes:

Afueras de la capital
“Las afueras de la capital, muy pintorescas, abundan en incomparables perspectivas, que un simple paseo a pie permite admirar. Si se dispone de escaso tiempo, puede hacerse una breve excursión en automóvil, subiendo en él hasta el borde mismo de un antiguo cráter, desde el que se contempla, a 400 metros de altura, la ciudad de La Palma a vista de pájaro y un hermosísimo valle que desciende de las altas montañas al mar”.

La carretera general del Sur, a su paso por Buenavista

“Después de asomarse a las ‘Vueltas del Río’, que bajan en zig-zag hasta gran profundidad del barranco del mismo nombre, y de admirar -también desde la altura- el recoleto rincón campestre del famoso Santuario de Las Nieves, síguese unos pocos kilómetros la carretera del Sur, entre una vegetación ubérrima, con opuestos y variadísimos paisajes en los que alternan, como en la balada de Heine, el pino nórdico y la palmera tropical, para descender a la capital por la llamada carretera de Bajamar, la que, al llegar a la costa, se adentra en un largo túnel con grandes ventanales sobre el mar. Tan interesante excursión no precisa más de dos horas para realizarla plácidamente”.

Fuencaliente ofrecía el aliciente del volcán y sus vinos

Mazo y Fuencaliente
“Si se cuenta con más tiempo, puede prolongarse el paseo en automóvil hasta Mazo y Fuencaliente. En el término del primer pueblo, se halla la Cueva de Belmaco. El panorama que se divisa desde una valiente cornisa que la carretera forma sobre la costa, a 500 metros de altura y con la ciudad de La Palma al fondo, es de imponderable grandiosidad”.

“La carretera, que sigue siempre su nivel ascendente hasta los 800 metros y nos permite contemplar constantemente el mar a nuestros pies, pasa luego por corrientes de lava pétrea, entre las que crecen líquenes y se levantan copudos árboles; atraviesa fantásticos pinares, casi siempre con penachos de bruma prendidos en el ramaje; y llega a Fuencaliente, extremo sur de la Isla. A través de los pinos surge el cráter del volcán de San Antonio, al pie del cual se puede ir en automóvil para admirar el interior de ese cráter, de considerables proporciones, y el maravilloso panorama que desde su cima se divisa. Un kilómetro más, y nos hallaremos en el punto-cumbre de la carretera, sobre el pintoresco poblado de Las Indias, con sus blancas casitas que, desparramadas en la rápida pendiente de la montaña, dan la impresión de que van a caer al mar. En estos pueblos se cosecha, abundante y exquisito, el renombrado vino de malvasía, el cual por un precio insignificante, puede ser paladeado en las ventas del camino. De cuatro a cinco horas bastan para la excursión”.

Calle Real de Los Llanos de Aridane

El Paso, Los Llanos y Tazacorte
“Las tres poblaciones, de extraordinario interés para el turista, se hallan en el extremo opuesto a la capital y ha de bordearse gran parte de la Isla, por el sur, para llegar a ellos por carretera. En el trayecto, los paisajes se suceden inagotables en sus bruscos contrastes. Entre El Paso -donde se conserva una curiosa industria tradicional de la seda- y Los Llanos, los almendros floridos bordean el camino, junto a la lava. Al lado de los Llanos, la carretera permite asomarse al abismo del barranco de Las Angustias. En Tazacorte se llega de nuevo al mar, en la imponente desembocadura de ese barranco. Puede realizarse tan amena excursión en seis horas, disponiendo de una para almorzar”.

Las grandes casonas solariegas de Tazacorte

Caldera de Taburiente
“Es posible hacerla en un solo día, yendo en automóvil a El Paso, a dos horas de la capital. Desde allí, a caballo y siguiendo el curso de un pintoresco barranco, se asciende a La Cumbrecita, espléndido balcón para admirar el cráter de La Caldera, a un lado, y el incomparable Valle de Aridane al opuesto. También puede contemplarse el interior de la Caldera, marchando en automóviles hasta Los Llanos, a igual distancia aproximada de la capital, y subiendo en mulo por el llamado ‘Lomo de los Caballos’. El tiempo que hay que cabalgar para ambas ascensiones, nada penosas, excede poco de una hora”.

Vista parcial de Los Sauces

Otras excursiones

Partiendo de Santa Cruz de La Palma, la guía turística propone otras excursiones, como El Cubo de La Galga -“parte en automóvil, por la carretera del Norte, actualmente en construcción- y cualquiera de las acostumbradas para llegar, a caballo, hasta los picos y cumbres próximas a la capital, desde las que, cómodamente, se puede regresar en el mismo día. Disponiendo de tiempo abundante, merece ser visitado el Norte de la Isla, de muy crecido valor pintoresco; en él se encuentran los interesantes paisajes de Puntallana y Los Sauces, así como los famosos pinares de Garafía y Puntagorda”.

Entre los detalles de interés para el viajero, la guía hace referencia a los precios de los alojamientos en la capital y otras poblaciones, que “no excede de diez pesetas”, mientras que la excursión más larga en automóvil “cuesta de sesenta a setenta pesetas por coche de seis asientos”. Asimismo, el alquiler de caballos y guías “es de quince pesetas por día” y, por último, “una buena comida cuesta alrededor de cinco pesetas”. ¡Qué tiempos!

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 8 de agosto de 2004

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Una respuesta to “Una guía turística de los años veinte”

  1. X said

    Mira por donde, en 1920 se hacían mejores guías turísticas de la isla que hoy en día. La verdad es que no me extraña pues todo parece indicar que hemos ido, como dice el dicho, “para atrás como los cangrejos”.

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