Una luz sobre un promontorio

septiembre 1, 2010

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La costa norte de La Palma está formada por altísimos escarpados cortados por profundos barrancos que descienden desde las cumbres. Unicamente es accesible por tres puntos, y para ello han sido convenientemente acondicionados por la mano del hombre y sólo son abordables en excepcionales condiciones de tiempo. En contraste con los altos escarpados, la costa tiene los fondos más aplacerados y menos hondables de la Isla.

En el segundo cuartel del escudo municipal de Barlovento encontramos sobre azur el faro de sable, mazonado en plata con linterna y cinco rayos de oro; y con base de plata y sable, aclarada de sinople. Representa el faro de Punta Cumplida, emblemático edificio de sobria y esbelta torre, situado en el extremo nordeste de La Palma, dominado por elevadas colinas, entre las que destacan cinco cuando la punta demora al Sur, coincidiendo su situación geográfica con la que ocupa en el citado escudo.

El faro de Punta Cumplida se encuentra situado en la posición náutica 28º 50’ N y 17º 46’ W. Sobre un promontorio de su mismo nombre, llamado también Punta del Engaño, a 63 metros sobre el nivel del mar y a 34 metros sobre el nivel del terreno. Domina los fértiles bancales de plataneras de los campos de Oropesa y sus aledaños y es perfectamente visible cuando se gobierna al rumbo 239º, demorando entre las puntas de Gaviota y de Barlovento.

La construcción del faro tiene sus orígenes en el Plan de Alumbrado de las Islas Canarias aprobado por real orden de 28 de abril de 1857, en el que se contemplaba la construcción de un faro de segundo orden en Puntagorda, aunque estudios posteriores determinaron la conveniencia de construirlo en el extremo NE de La Palma.

El proyecto, elaborado por el Cuerpo de Ingenieros de la provincia de Canarias, fue aprobado por real orden de 9 de mayo de 1861. La construcción del inmueble se adjudicó al contratista José Ana Rodríguez González, vecino de Santa Cruz de La Palma, según consta en la real orden de 12 de agosto del mismo año, en la cantidad de 505.000 reales de vellón, es decir, 126.250 pesetas.

En 1863 el cónsul británico Grattan decía que “dentro de unos pocos meses” finalizarían los trabajos del faro que se construía en el “promontorio de Cumplida”, así como otros seis, “que llevan bastante tiempo en obras, entre ellos Punta Anaga, en Tenerife; La Isleta, en Gran Canaria; y en la isla de Lobos. En aquel tiempo, además, se proyectaba la colocación de luces en los puertos de Las Palmas, Arrecife y Puerto Naos (Lanzarote) y en Santa Cruz de La Palma. El único faro que existía en aquel año en servicio era la histórica farola del mar, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Dos años después, el citado cónsul escribe en su informe anual que “en breve se ordenará el encendido” del faro de Punta Cumplida, después de que el 30 de julio se hubieran inaugurado las luces de los faros de Punta Delgada, en Alegranza; Punta de Martino, en Lobos; y La Isleta, en Gran Canaria. El 25 de julio se había producido el encendido del faro de Punta Pechiguera, en Lanzarote y el 15 de agosto siguiente, el faro de entrada a Puerto Naos, en Arrecife de Lanzarote.

El faro de Punta Cumplida se encendió por primera vez en abril de 1867, aunque de forma temporal. El edificio y la torre son los originales, excepto la reforma efectuada en esta última para acoplar la nueva linterna, que se hizo de mampostería, añadiéndosele una nueva balconada. Está formado por un cuadrado de 19,5 metros de lado, previsto para albergar a tres torreros, “una magnífica casa con cuantas comodidades son apetecibles” –escribe Juan B. Lorenzo, así como habitaciones de inspección, almacenes, carbonera y lavadero, comunicado por un patio central, ahora cubierto, bajo el cual se encontraba un gran aljibe de 100 metros cúbicos para almacenar el agua.

El faro de Barlovento es la primera obra pública importante del siglo XIX en La Palma

La torre tiene una altura de 34 metros

Panorámica aérea del faro de Punta Cumplida

En 1887, cuando la viajera inglesa Olivia Stone visitó La Palma, escribió en su libro “Tenerife y sus seis satélites”: “Continuamos hasta que llegamos al barranco de la Herradura, una garganta bastante atractiva, con agua y árboles. Dirigiéndonos hacia el mar, bajamos caminando por sus riberas una corta distancia, hasta que divisamos el faro. Es una construcción bastante moderna y, evidentemente, se considera uno de los puntos de interés de La Palma. Nos interesaba más la gente que el faro, así que no quisimos desperdiciar nuestro tiempo viéndolo”.

Y un año después, otro viajero de su misma nacionalidad, Charles Edwardes, escribía: “Media hora después de que hubiera salido el sol, nos internamos en el primero de los doce barrancos que iban a caracterizar el día, el barranco de Herradura, un profundo abismo que comenzaba prácticamente a la puerta de la casa de nuestro amigo. Al alcanzar el otro lado, trotamos alegremente en medio de varios acres de ricos campos de cereales, adornados con amapolas rojas y amarillas, y de altramuces. Entonces ascendimos hasta una llanura de tierra roja, igualmente fértil, y pasamos la villa de Barlovento, salpicada de excéntricos molinos de viento, y famosa en La Palma por su faro que guarda el extremo noroeste de la Isla”.

El edificio del faro de Punta Cumplida es de mampostería con adornos de sillería basáltica en cornisas, jambas y dinteles. La torre, del mismo tipo de sillería y ligeramente troncocónica, está parcialmente adosada en el lado mar y tiene en su base un diámetro de 5,30 metros. Hasta la cornisa superior tiene una altura de 30 metros y se accede por una escalera de caracol de 158 peldaños, que asciende circundando un núcleo central de alma hueca por donde antaño bajaba el peso motor. El diámetro interior mide 2,70 metros y recibe la luz por medio de 12 aberturas practicadas seis a seis en generatrices opuestas, sobre el plano longitudinal de la fachada principal.

En sus comienzos estaba provisto de un aparato Lepaute de 1,35 m de diámetro, compuesto de tres cuerpos. Resulta interesante la definición que hace el experto Miguel Angel Sánchez Terry, al respecto: “El superior de doce anillos catadióptricos, divididos en 8 paneles, el central de 8 lentes dióptricas y el inferior de siete anillos catadióptricos en que los dos primeros giraban sobre un carro circular de tejos o galés, accionados por una máquina de relojería con regulador de aletas y peso motor. También tenía una linterna de doce lados, cristales planos y montantes verticales”, todo ello producto del mismo fabricante, que habían sido adquiridos, junto con la óptica, en el precio de 45.506,25 pesetas.

El alumbrado se producía mediante una lámpara Degrand para aceite de oliva, que más tarde sería sustituido por un sistema de relojería de émbolo y peso con mechero Dotty de tres mechas, que empleó parafina y petróleo.

En 1937 la lámpara se encontraba en muy mal estado, por lo que fue sustituida por una de nivel constante y con el mismo mechero. Tenía una luz giratoria variada por destellos de minuto en minuto y 25 millas de alcance.

Antaño el agua se traía a lomo de bestias en cántaros desde la fuente de La Fajana, hasta que en los años en que fue alcalde Juan Brito, padre del torrero Maximiliano Brito, cedió una red de agua de su propiedad en Las Fontiñas, para que las familias que vivían en el faro tuvieran el abastecimiento garantizado.

En febrero de 1947 este sistema se sustituyó por otro incandescente por vapor de petróleo a presión Chance, para capillos de 35 mm que contaba con una lámpara Maris de reserva. Luego se hicieron algunas modificaciones en el sistema de giro, funcionando a un ritmo más rápido con su luz característica de 45 segundos.

 El 1 de diciembre de 1982 entró de nuevo en servicio después de una importante reforma, en la que se sustituyó toda la instalación óptica y luminosa. La linterna anterior –que se encuentra ubicada en la estación marítima de Santa Cruz de Tenerife como elemento decorativo- se cambió por una cilíndrica Racional de 2,25 metros de diámetro y montantes helicoidales, dotada de un equipo AGA de lámparas de haz sellado, montadas seis a seis sobre las caras de un prisma cuadrangular que forma el inducido de un motor paso a paso controlado por un sistema electrónico. La característica actual consiste en destellos blancos de una intensidad equivalente a 400.000 candelas, con un alcance de 20,7 millas en buen tiempo.

El buque "Pacific Star", durante la II Guerra Mundial

La luz salvadora del faro de Punta Cumplida fue la que vieron los tripulantes del carguero británico Pacific Star el 31 de octubre de 1942, tres días después de que hubiera sido hundido por el submarino alemán U-509, cuando navegaba en la posición 29º 16’ N y 20º 57’ W.  El día 28, la tripulación abandonó el barco y el tercer oficial de máquinas, señor Wren, anotó en su diario personal: “Todos los botes salvavidas fuera del barco sin peligro”.

El día 31 los náufragos del Pacific Star avistaron la luz salvadora del faro de Punta Cumplida, cuando se encontraban en noche cerrada cerca de las costas del Norte de La Palma. “Centenares de personas miran desde los acantilados. Ven nuestro bote casi empujado contra las rocas. Nos dan una copa en un granero. Luego nos llevaron en un camión de ganado a otro sitio donde tomamos sopa y café. Luego, en una ambulancia, al Hotel Florida en Santa Cruz de La Palma”, en el que permanecieron hasta el 3 de noviembre, en que abandonaron la Isla.

El buque Pacific Star, propiedad de la célebre naviera británica Blue Star Line, había salido del puerto de Rosario (Argentina), vía Freetown, formando parte del convoy SL125, compuesto por 37 barcos, rumbo a Inglaterra, de los que sólo llegaron a su destino final un total de 25. Los 12 restantes fueron hundidos en la guerra submarina por los temibles U-boat alemanes.

El faro de Punta Cumplida, uno de los edificios de ingeniería civil más emblemáticos de La Palma, mantiene su presencia pétrea desde hace casi ciento cuarenta años y todas las noches ilumina el cielo del nordeste insular, convertido en referencia de navegantes y en luz salvadora de pescadores, emitiendo sus destellos en la inmensidad del limpio y claro cielo palmero.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo, Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife y Alex Duncan

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