El plátano, clave económica de La Palma

julio 4, 2011

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La caída de los precios de la cochinilla, en la década de los años setenta del siglo XIX, ocasionó una de las crisis de la economía insular más importantes, que afectó a todas las islas sin excepción y alcanzó a una parte importante de la población. La ruina de las explotaciones dejó su huella en la evolución de la población a causa del incremento de la emigración y la disminución de la natalidad.

Los nuevos cultivos introducidos en La Palma a finales del siglo XIX, como el tabaco, no cubrían el vacío económico que había dejado la cochinilla. Entre 1881 y 1890, emigrantes retornados de Cuba procedieron a la reimplantación de la caña de azúcar en las áreas de regadío de Argual, Tazacorte y Los Sauces, con la que se cubría las necesidades de la Isla.

La experiencia de los indianos en los ingenios y centrales azucareras de Cuba hizo florecer una contenida actividad de trapiches en los que elaboraban mieles y aguardientes, etapa que se mantuvo hasta la década de los años cincuenta. En el puerto de Tazacorte todavía queda en pie un antiguo trapiche, que más tarde fue utilizado como almacén de empaquetado de plátanos y en la actualidad el inmueble está abandonado.

Los primeros embarques de plátanos en Tazacorte pudieron realizarse en 1897, fecha en la que se constata la presencia de empleados de Elder interesados en establecer contactos con agricultores de la capital palmera, Los Llanos de Aridane y Los Sauces para la exportación de plátanos, tomates y papas. La carretera no había llegado todavía a ambos pueblos y las comunicaciones marítimas eran deficientes y problemáticas, debido a la falta de abrigos naturales en las costas y la dureza del mar batiente en el Norte y Oeste de La Palma. La carretera no había llegado todavía a ambos pueblos y las comunicaciones marítimas eran deficientes y problemáticas, debido a la falta de abrigos naturales en las costas y la dureza del mar batiente en el Norte y Oeste de La Palma.

Sin embargo, la introducción del plátano en la comarca de Tazacorte y Argual corresponde a la compañía inglesa Blandy Brothers, en 1890, aunque su impulso llegó en esa misma década de la mano de Elder & Dempster. El interés de los ingleses estaba fundamentado en la producción de fruta en territorios más próximos a sus mercados, por lo que algunas islas del archipiélago canario, caso de Gran Canaria, Tenerife y La Palma y, en este caso concreto, el valle de Aridane, reunía todos los requisitos necesarios: agua de los manantiales de la Caldera, terrenos productivos, muchas horas de sol al año y mano de obra barata, formada por jornaleros y pequeños campesinos, que debían ganarse su sustento trabajando en terrenos ajenos. De ahí que, en poco tiempo, la economía de Tazacorte empezó a generar riqueza.

En 1896 había otra plantación regular de plátanos localizada en la finca de Antonio Herrera Rodríguez, en Los Sauces, expandiéndose de forma sistemática en la zona costera de San Andrés entre 1899 y 1906, año en el que se llevaban plantas de platanera desde Tazacorte hasta Puerto Spíndola.

Los primeros embarques de plátanos en Tazacorte estuvieron a cargo de Pedro Suárez y A. Millán, que los enviaban a la capital tinerfeña para su transbordo a los vapores fruteros que mantenían la línea con los mercados europeo y británico. Después se les unieron los exportadores ingleses T. M. Read y Fyffes Ltd., que mantuvieron el negocio con carácter regular hasta 1914, en que se paralizó con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Aquella situación produjo la primera crisis platanera, que duró cuatro años. Tazacorte, sin importación ni exportación alguna durante este tiempo, pudo sobrevivir gracias a sus principales recursos naturales, la agricultura y la pesca.

Camino de Argual, uno de los barrios que sustentaron el cultivo del plátano

Elder & Fyffes

La compañía inglesa Elder & Fyffes, subsidiaria de la multinacional americana United Fruit, muy prestigiada en el mundo agrícola y naviero de la época, hizo una apuesta decidida por los cultivos del plátano y el tomate en La Palma, con tanto interés como en Tenerife y Gran Canaria, para lo cual arrendó a partir de 1919 y por espacio de 15 años, amplias superficies de tierra en las áreas de regadío y en sus aledaños propiedad de los mayores propietarios de Argual y Tazacorte, por importe de 100.000 pesetas anuales y después de realizar mejoras imprescindibles, las sembraron de plátanos.

“La acumulación de terrenos en manos de propietarios de otros municipios de la Isla –explica Salvador González Vázquez- dificultaba el acceso a la propiedad de habitantes de Tazacorte que disponían de recursos económicos suficientes debido a sus actividades comerciales, a las ganancias generadas por la agricultura, o a los ahorros adquiridos en la emigración. Pero cuando estos vecinos querían comprar fincas de plátanos y beneficiarse de la expansión del fruto se encontraban con que las mejores tierras estaban en manos de grandes propietarios forasteros que, dadas las importantes utilidades que recibían de esos terrenos, difícilmente se desprendían de ellos”.

El proceso exigió una serie de instalaciones y mejoras importantes -almacenes, instalaciones portuarias elementales, grúas y “pescantes” para mover la carga, vías de acceso, etcétera- e introdujo, asimismo, de una manera sistemática los abonos químicos, cuyo consumo hasta ese momento era casi nulo; hierro y cemento para la construcción, lo que representó un hito en la historia económica de la Isla, además de mejorar las conducciones de agua desde los nacientes hasta los campos de cultivo y los sistemas de riego de las fincas.

Los ingleses contrataron mano de obra asalariada para sus explotaciones y fueron los exportadores de su propia producción y de los restantes agricultores de la Isla, a los que abonaban la fruta en el momento de la entrega en los almacenes de empaquetado. Su posición de liderazgo les permitía importar los bienes industriales y comercializarlos entre los agricultores.

“Caso expresivo al respecto –señala Wladimiro Rodríguez Brito- es que los ingleses, en 1915, solían entregar un quintal de papas de semilla a los campesinos para que éstos les devolviesen dos. Por ello, nada tiene de extraño que el primer cemento, tubos, hierros, tejidos, etcétera, que conocieron los campesinos tuviesen origen inglés”.

El desarrollo incipiente del puerto de Tazacorte fue otra de las actuaciones de Fyffes. En sus inicios, las instalaciones consistían en un almacén en tierra y un pescante situado a una cierta altura y que llegaba mar adentro hasta un punto donde la profundidad era suficiente para permitir en condiciones de garantía de maniobra la operación de los lanchones, encargados de llevar hasta el fondeo donde se encontraban los vapores, que llegaban para descargar las mercancías y cargar la fruta.

El esfuerzo humano era muy considerable. Los huacales se cargaban en los almacenes a los camiones que llegaban a la playa donde eran transbordados a los lanchones caleteros y a los barcos del cabotaje para su traslado al puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde se realizaba el transbordo principal, tras lo cual el cargamento emprendía el viaje al mercado británico. Desde 1882 los vapores británicos que regresaban a la metrópoli desde Australia, la India y África del Sur con pasajeros y cargas coloniales hacían escala en Santa Cruz de Tenerife para cargar la fruta.

En la década de los “felices” años veinte, Fyffes realizó mejoras importantes en las conducciones de agua procedente de la Caldera, lo que permitió ampliar la superficie de regadío en el barrio de Marina, que acabó sembrándose de plátanos. En el decenio siguiente, la apertura de los pozos de Pedro Gómez y Armando Yanes, localizados en las desembocaduras de los barrancos de Tenisca y Las Angustias, respectivamente y la introducción de motores destinados a la elevación de agua, incrementó las posibilidades de crecimiento del regadío, lo que dio origen a una nueva etapa que se vio interrumpida por las consecuencias de la crisis de 1929 y de las guerras civil y mundial.

Las históricas casonas de Tazacorte, rodeadas de plataneras

Influencia británica

Durante esta etapa, la influencia británica en La Palma alcanzó un nivel notable, pues ejercieron el control de las plantaciones, las aguas, los bancos y los seguros marítimos. En la capital insular figuraban representaciones de las compañías Charles White Hald Ltd.. y Fyffes Ltd., exportadores de frutos; Miller Wolfson & Co. Ltd., banqueros corresponsales; y las aseguradoras The Indemnity Mutual Marine Assurance & Co. Ltd., The London Assurance, The Manchester, The Underwriting Asociation, Lloyd’s of London y el Lloyd andaluz, éste último representado por Juan Cabrera Martín y el anterior por Hijos de Juan Yanes.

De Inglaterra se importaba algodón de Manchester y carbón, velas, café, arroz, ferretería e hilos de coser; de la Península venía todo el cuero para calzado, aceite de oliva y sal; de Alemania, cervezas, tabaco y algo de arroz, cristalerías, loza y ferretería. Las importaciones de Francia se referían al cemento, así como la mitad del azufre que se usaba en las viñas -la otra mitad procedía de Italia- y de EE.UU. el queroseno que consumía la Isla, así como tabaco.

Las principales exportaciones eran cebollas, plátanos, almendras y tomates. Las cebollas se enviaban a Cuba y Puerto Rico; los plátanos, a la Península, Reino Unido y Francia; las almendras, al Reino Unido, Cuba y EE.UU. y los tomates, al Reino Unido.

Aunque la exportación platanera ocupaba a la mayor de la población, la pesca mantuvo su protagonismo, como lo explica Carballo Wangüemert, en su libro “Las Afortunadas. Viaje descriptivo a las Islas Canarias”:

“La concurrencia de barcas y buques de mayor porte de procedencia catalana, que frecuentaban este puerto para cargar dando salida al atún y otros productos de su industria pesquera, y la frecuencia asimismo de algunos mercaderes de las islas, atraídos también por la abundancia del producto, que compraban y hacían transportar a las demás islas del archipiélago; todo esto, unido a la salida del pescado fresco que proporcionaban Los Llanos, El Paso y los caseríos esparcidos por esta parte occidental de la Isla, todo esto, repito, daba cierto movimiento a este puerto, y dejando buenas ganancias en manos de estos humildes pescadores, fomentaba de una manera progresiva el crecimiento del vecindario”.

Fyffes mantuvo una fuerte implantación en el valle de Aridane y el emporio generado provocó un apreciable auge económico y demográfico en el núcleo de trabajadores del plátano de Tazacorte, lo que trajo consigno un incremento del proletariado, con importantes consecuencias sociales que han dejado huella en la historia del movimiento obrero de la Isla y que se considera la base de la segregación del término municipal de Los Llanos de Aridane.

Tras la “moratoria” del azúcar de 1921 y el “crack” bursátil de Wall Street de 1929, que supuso, además, el cierre de las líneas trasatlánticas de la emigración, la Guerra Civil española marcó la crisis definitiva del cultivo del plátano y el abandono de las plantaciones y los negocios que poseía Fyffes en La Palma. El relevo lo tomaron los exportadores locales, que habían surgido con la expansión platanera. Las excepcionales circunstancias del período bélico y el bloqueo económico internacional que sufrió España al término de la II Guerra Mundial, orientaron la producción al mercado peninsular. Pese a disponer de un limitado poder adquisitivo, la superficie platanera insular se duplicó entre 1940 y 1956, creciendo no sólo en las zonas tradicionales de regadío, sino expandiéndose a la mayor parte de los municipios de la Isla.

El crecimiento registrado por este sector en la década de los años sesenta y setenta del siglo XX se debe a la captación de agua y el sostenimiento del mercado platanero, así como a las inversiones realizadas por los emigrantes retornados de Venezuela, y la ayuda prestada por el Instituto Nacional de Colonización, primero, y del IRYDA, después, para la puesta en cultivo de nuevas zonas.

El ritmo de crecimiento en otros pueblos –Fuencaliente, Barlovento y Tijarafe- representa algo más del 30 % de la producción insular, localizándose el resto en las comarcas tradicionales. El plátano se había convertido desde hacía tiempo en la principal clave económica de La Palma.

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo

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