Dos trasatlánticos alemanes llamados “Milwaukee” y “St. Louis”

octubre 12, 2011

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la historia marinera de Santa Cruz de La Palma –en realidad, de la Isla toda- ocupa un lugar destacado la presencia de los cruceros de turismo alemanes y británicos que, antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, visitaron con asiduidad el puerto que nace y se abriga al resguardo del Risco de la Concepción.

El buen gusto, el equilibrio en las masas y los volúmenes y la armonía en las formas de la arquitectura naval alemana en la década de los años veinte y treinta del siglo pasado quedó bien plasmada, entre otros, en la construcción de los trasatlánticos de la compañía Hamburg America Line, varios de los cuales forman parte de la importante historia marinera del puerto de Santa Cruz de La Palma.

El trasatlántico alemán "Milwaukee", en Santa Cruz de La Palma. En primer plano, el vapor "León y Castillo"

Entre dichos visitantes figuran los trasatlánticos alemanes Milwaukee y St. Louis, dos barcos de elegantes y finas líneas marineras, que la memoria fotográfica y el celo de unas manos afectivas han conservado hasta nuestros días.  Junto a ellos, otros barcos de su misma bandera –de los que nos ocuparemos en su momento- marcaron con su presencia nuevos hitos en la historia del puerto palmero: General von Steuben, Cordillera, Océana, Monte Rosa y Reliance, así como de los británicos Viceroy of India, Arandora Star, Strathmore, Almanzora, Voltaire, Atlantis, Montclare, Moldavia, Orontes, Esperance Bay, Lancastria. Lugar destacado ocupa el gran yate sueco Stella Polaris, uno de los barcos más bonitos que han visitado el puerto palmero y que todavía existe amarrado en Mitohama, en la península de Izu, en Japón, donde es motivo de admiración.

La depresión del “crack” bursátil de 1929 y la grave crisis económica que se desató a continuación, dio al traste con las líneas regulares, por lo que las grandes compañías navieras se vieron en la obligación de encontrar nuevos mercados para sus barcos y sus tripulaciones, ante la amenaza del amarre o el desguace y, en consecuencia, el despido de miles de personas.

Panorámica desde la playa de El Roque

En la mañana del 21 de mayo de 1934 arribó por primera vez a Santa Cruz de La Palma el trasatlántico alemán Milwaukee. Pintado de blanco impoluto y rematado el casco por dos chimeneas bien proporcionadas, el “liner” alemán esperó sobre máquina fuera de la bahía el embarque del práctico Tomás Yanes Rodríguez, que subió a bordo por la escala de servicio del portalón de la banda de babor, dando después avante y atracando estribor al muelle en medio de una gran expectación.  Por la proa del recién llegado se encontraba el correíllo León y Castillo, que ese día compartió atraque  con el elegante trasatlántico.

La ciudad vivió una jornada intensa, viendo el ir y venir de los turistas, casi 600, a quienes el Patronato de Turismo del Cabildo Insular de la época entregó unas guías informativas de las excelencias y bellezas de La Palma. Muchos de ellos marcharon a bordo de automóviles en recorridos por el sur de la isla, deteniéndose especialmente en el cráter del volcán de San Antonio, en Fuencaliente y en el valle de Aridane, quedando gratamente impresionados con la experiencia vivida durante unas horas.

Dos meses después, el 23 de julio, arribó, también en su primera escala, el trasatlántico St. Louis, gemelo del Milwaukee, aunque éste tenía el casco pintado de negro, lo que resaltaba, aún más si cabe, la elegancia de sus líneas marineras.

Aleteando al viento la multicolor empavesada y largando en el tope la letra G del Código Internacional de Señales, el capitán del St. Louis esperó a que subiera a bordo el práctico Tomás Yanes Rodríguez, que desempeñaba la plaza desde enero de 1929, poco después de que hubiera obtenido el título de capitán de la Marina Mercante.

Tomás Yanes había nacido con el siglo y en 1931 contrajo matrimonio con María Acosta Isidro, con quien tuvo descendencia en sus hijas Luz y Carmen. De su noviazgo se cuenta una anécdota entrañable. En el puerto palmero recaló un trasatlántico alemán que llevaba a bordo a las jóvenes participantes en el concurso de Miss Universo, que se celebraba en Galveston (EE.UU.). Al igual que las autoridades de la isla y de la capital, Tomás Yanes fue invitado a la recepción que se celebró a bordo y con los otros invitados echó en falta la presencia de las bellezas. Uno de los oficiales, en un alarde de elegancia, le dijo:

“Esta muchacha –señalando a María Acosta, su novia- es más guapa que cualquiera de ellas. Ninguna tiene nada que hacer al lado suyo”.

El trasatlántico "St. Louis", en su primera escala en Santa Cruz de La Palma

En el dorso de una postal de la época, que un día nos hizo llegar el buen amigo Sixto Manuel López Hernández, puede leerse: “Un detalle del atraque del vapor alemán St. Louis, debiendo hacerse notar que no lanzó ‘ancla’ alguna. Tomás Yanes lo atracó y desatracó con igual facilidad que el ‘Tajuya’ (se refiere a una de las lanchas que hacían el cabotaje entre los pequeños puertos y tenederos del litoral insular). Hecho que corrobora la crónica de Diario de Avisos, destacando que la maniobra había sido perfecta y el práctico la había realizado “con la pericia que le es suya”.

El trasatlántico venía al mando del capitán Wagner y a bordo viajaba una expedición de 500 turistas. Al igual que ocurrió en la escala del Milwaukee, una parte de ellos recorrieron en coches el interior de la Isla “quedando complacidos de la excelencia de nuestro clima y de lo vario del paisaje. Gran cantidad de turistas –destaca la crónica de Diario de Avisos– hicieron excursiones a pie a los campos cercanos, obteniendo de los mismos, así como de las más típicas edificaciones de nuestra ciudad, un sinnúmero de fotografías, que serán el más alto pregón de nuestras bellezas desconocidas en casi su totalidad por la desidia y abulia de los llamados a mediar”.

En aquella ocasión, el trasatlántico St. Louis arribó procedente de Hamburgo, Vigo, Gibraltar, Ceuta, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas y continuó viaje a Funchal, Azores, Isla de Wight y el 1 de agosto siguiente  rindió viaje en Hamburgo.

La banda de música del buque alemán ofreció un concierto en la plaza de la República de la capital palmera, al que asistió numeroso público y a las cinco de la tarde se hizo de nuevo a la mar, “entre vítores y saludos del público congregado en el muelle y los pasajeros y tripulantes del barco, que no cesaron de aclamar y ondear pañuelos. Poco antes de salir, la banda del barco tocó nuestro Himno Nacional y seguidamente el de ellos, que el público oyó con atención y premió con aplausos”.

El trasatlántico "St. Louis", visto por la amura de babor

El trasatlántico Milwaukee era la construcción número 483 de los astilleros Blohm & Voss, de Hamburgo y se botó el 20 de febrero de 1929. El 11 de junio del citado año realizó las pruebas de mar, en las que alcanzó una velocidad máxima de 16,5 nudos, y una semana después zarpó de Hamburgo –su puerto de matrícula- en su viaje inaugural a Nueva York, con 957 pasajeros a bordo, que era su máxima capacidad.

Era un buque de 16.754 toneladas brutas, 175,10 metros de eslora total, 22,10 de manga, 14,10 de puntal y 7,90 de calado máximo. Estaba propulsado por dos motores MAN, de 12.600 caballos de potencia sobre dos ejes y una velocidad máxima, en pruebas de mar, de 16,5 nudos.

El trasatlántico St. Louis fue botado el 2 de agosto de 1928 y el 21 de marzo de 1929 realizó las pruebas de mar, en las que alcanzó y sostuvo una velocidad máxima de 16,5 nudos. Una semana después, el día 28, inició en Hamburgo su viaje inaugural a Nueva York, actividad que compartió con cruceros de turismo.

El buque había sido construido en los astilleros Bremer Vulkan A.G., en Vegesack, con el número de quilla 670. Registraba 16.732 toneladas brutas y tenía unas dimensiones de 179,90 metros de eslora total, 22,10 de manga, 13,89 de puntal y 7,85 de calado máximo. El equipo propulsor poseía las mismas características que las reseñadas en el “liner” Milwaukee.

Unos meses después de su primera escala en el puerto palmero, el trasatlántico Milwaukee fue sometido a diversas mejoras en los astilleros donde había sido construido, quedando con capacidad para 559 pasajeros en clase única. Entonces retornó a la línea regular de Nueva York, que compartió con algunos cruceros de turismo. En esta segunda etapa, el 22 de octubre de 1936 recaló de nuevo en el puerto de Santa Cruz de La Palma.

Panorámica de Santa Cruz de La Palma, en la década de los años treinta

El escenario social y político que vivía entonces la isla era bien diferente del que había presenciado el trasatlántico alemán cuando arribó a la capital palmera en su primera escala dos años y medio antes. En 1934 el acontecer discurría bajo la tutela de la Segunda República y desde julio de 1936, España estaba en guerra fraticida y la isla bajo el control  de las fuerzas sublevadas de Franco.

En marzo de 1936, Tomás Yanes había sido nombrado delegado del Gobierno en la Palma, cargo que compartía con su profesión de práctico. El 18 de julio de 1936 se encontraba en el ejercicio de su cargo y permaneció fiel a la República durante la denominada “semana roja” –como después la tildaron los propagandistas del Alzamiento-, es decir, hasta el 25 de julio, en que la llegada del cañonero Canalejas y el desembarco de las fuerzas militares acabó sometiendo a la isla.

Tomás Yanes fue detenido y condenado a muerte. Posteriormente la pena máxima le sería conmutada por la de varios años de prisión, que cumplió primero en uno de los barcos fondeados en Santa Cruz de Tenerife, después en Gando (Gran Canaria) y en los almacenes de Fyffes y, por último, en Santa Cruz de La Palma, siendo puesto en libertad en 1941.

Tomás Yanes fue inhabilitado según lo dispuesto en una resolución de la Dirección General de Comunicaciones Marítimas de fecha 3 de abril de 1941, por la que se le impedía “desempeñar a bordo cargos que impliquen mando o autoridad”, razón por la cual no pudo ejercer su profesión de marino, aunque sí logró la renovación de su título de capitán de la Marina Mercante, el 3 de junio de 1944.

Puesto en libertad, Tomás Yanes se dedicó durante una temporada a la pesca en Garafía y más tarde pudo abrir una tienda en la calle Real de la capital palmera y después la agencia de aduanas Acosta, gracias a la buena voluntad de un familiar. Falleció el 4 de febrero de 1954, a la edad de 54 años recién cumplidos, víctima de un cáncer de pulmón.

Volvamos a los barcos de esta crónica. En 1940, con el mundo en guerra, el trasatlántico Milwaukee quedó amarrado en  el puerto de Kiel, siendo utilizado como acuartelamiento flotante. Una filtración a los aliados de que este buque iba a ser ocupado por altos cargos del Tercer Reich para su huida del país, provocó que fuera víctima de un ataque de los aviones de la RAF.

Después de diversas incidencias, el 9 de mayo de 1945 fue capturado por las fuerzas británicas y pasó a engrosar la larga lista de los Empire con el nuevo nombre de Empire Waveney. A partir de entonces hizo varios viajes como transporte de tropas por cuenta del Ministerio de Transportes de Gran Bretaña, ocupándose de su gerencia la compañía Cunard-White Star.

Concluida la guerra, el trasatlántico Empire Waveney se encontraba el 1 de mayo de 1946 en el puerto de Liverpool finalizando un largo recorrido de reparaciones, cuando se declaró a bordo un pavoroso incendio que, en pocas horas, lo destruyó por completo y acabó hundiéndose en aguas poco profundas escorado sobre la banda de babor.

El 8 de febrero anterior ya se había producido otro conato de incendio, que afectó a las cabinas de la cubierta D y pudo ser sofocado a tiempo sin graves daños. Pero el segundo incendio fue definitivo. Localizado en la cubierta de botes, rápidamente se propagó por otros departamentos del buque y unas horas después la chapa comenzó a tonarse de color rojo.

El buque estuvo ardiendo durante dos días y dos noches y el 4 de mayo quedó acostado. Posteriormente, y después de ímprobos esfuerzos, el pecio del antiguo liner alemán pudo ser reflotado y el 26 de enero de 1947 se procedió a su remolque a Glasgow para proceder al desguace en los talleres de Arnott Young. Sin embargo, este no sería su destino definitivo, pues el 25 de septiembre siguiente continuó el viaje a Troon y allí fue desmantelado.

El trasatlántico St. Louis adquirió celebridad por el largo viaje con una expedición de judíos que buscaban la tierra prometida lejos de la Alemania nazi. El 13 de mayo de 1939 salió de Hamburgo, en viaje a Cuba, con 900 pasajeros. Las autoridades cubanas denegaron su desembarco en La Habana y en EE.UU. sucedió lo mismo. Ante esta situación, la compañía Hamburg America Line ordenó al capitán del “St. Louis” que se mantuviera en alta mar por espacio de varias semanas a la espera de encontrar una solución, ya que su vuelta a Alemania, en donde se estaba generando una preocupante corriente antisemita, podría acarrear graves consecuencias. Esta situación provocó airadas controversias y ocupó las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Finalmente, los gobiernos de Bélgica, Francia, Gran Bretaña y Holanda acordaron conceder el asilo a los emigrantes y el 17 de junio desembarcaron en Amberes.

El 26 de agosto siguiente, poco antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el trasatlántico St. Louis zarpó de Nueva York sin pasajeros y el 11 de septiembre recaló en el puerto soviético de Murmansk, en cuyas aguas quedó refugiado. El 1 de enero de 1940 arribó a Hamburgo y se utilizó como cuartel flotante en Kiel. El 30 de agosto de 1944 resultó seriamente averiado en el transcurso de un ataque aéreo y el 2 de septiembre siguiente fue varado para evitar su hundimiento.

Finalizada la guerra, en 1946 fue remolcado a Hamburgo mostrando las secuelas del fuego en una parte de su estructura. Primero se utilizó como hotel flotante y más tarde, llevado a Altona, se empleó como estación de prácticas de desembarco, situación que se prolongó hasta 1950. Finalmente, en 1952 fue vendido para desguace en Bremerhaven.

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo

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2 comentarios to “Dos trasatlánticos alemanes llamados “Milwaukee” y “St. Louis””

  1. Esther M Díaz Gutiérrez said

    Muchas gracias por tu dedicación y escritos sobre La Palma, pues me gusta leer sobre nuestras raíces. Saludos fraternales, Esther Maritza Díaz Gutiérrez.

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