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Muchas gracias por su interés y atención.

Saludos,

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La luz salvadora del faro de Punta Cumplida fue la que vieron los tripulantes del buque británico “Pacific Star” el 31 de octubre de 1942, tres días después de que hubiera sido hundido por el submarino alemán U-509, cuando navegaba en la posición 29º 16’ N y 20º 57’ W. El día 28, la tripulación abandonó el barco y el tercer oficial de máquinas, señor Wren, anotó en su diario personal: “Todos los botes salvavidas fuera del barco sin peligro”.

El día 31 los náufragos del “Pacific Star” –capitán, G.L. Evans– avistaron la luz salvadora del faro de Punta Cumplida, cuando se encontraban en noche cerrada cerca de las costas del Norte de La Palma. “Centenares de personas miran desde los acantilados. Ven nuestro bote casi empujado contra las rocas. Nos dan una copa en un granero. Luego nos llevaron en un camión de ganado a otro sitio donde tomamos sopa y café. Luego, en una ambulancia, al Hotel Florida en Santa Cruz de La Palma”, en el que permanecieron hasta el 3 de noviembre, en que abandonaron la Isla.

El buque “Pacific Star”, artillado, durante la II Guerra Mundial

El buque “Pacific Star”, propiedad de la célebre naviera británica Blue Star Line, había salido del puerto de Rosario (Argentina), vía Freetown, formando parte del convoy SL125, compuesto por 37 barcos, rumbo a Inglaterra, de los que sólo llegaron a su destino final un total de 25. Los doce restantes fueron hundidos en la guerra submarina por los temibles U-boat alemanes.

El faro de Punta Cumplida, uno de los edificios de ingeniería civil más emblemáticos de La Palma, mantiene su presencia pétrea desde hace siglo y medio y todas las noches ilumina el cielo del nordeste insular, convertido en referencia de navegantes y en luz salvadora de pescadores, emitiendo sus destellos en la inmensidad del limpio y claro cielo palmero.

Foto: Royal Navy

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Bajada de la Virgen de las Nieves es la fiesta más importante de La Palma. Se celebra con carácter lustral en Santa Cruz de La Palma, capital de la isla y tiene su origen en el profundo fervor religioso que el pueblo palmero ha mostrado por la imagen mariana, a la que ha recurrido como invocación divina frente a las calamidades de la Naturaleza: sequías, volcanes, plagas, hambrunas, incendios o naufragios.

Fundada en 1676 por el obispo Bartolomé García Ximénez, su primera edición se celebró en 1680. Y desde entonces, ininterrumpidamente, ha sido así cada cinco años. Al amparo del pensamiento y el modo creativo del Barroco, el diseño del programa de la Bajada hilvana al trasunto mariano su dependencia respecto de otra importante cita del calendario católico, como es la festividad del Corpus Christi. Razón que explica la profusión de loas, carros alegóricos y otras representaciones plenas de imaginario simbólico destinado a la alabanza de Nuestra Señora de las Nieves.

Virgen

La Virgen de las Nieves, en el inicio de su Bajada del año lustral 2015

Durante algo más de un mes, Santa Cruz de La Palma se viste de gala para celebrar la fiesta de todas las fiestas de la isla con un extenso programa de actos lúdicos y espectaculares, que llena las calles y las plazas de la histórica ciudad marinera, cuya arquitectura y diseño urbanístico renacentista siguen revelando el linaje de su puerto.

En el transcurso del tiempo, la Bajada ha visto modificados algunos de sus actos y las fechas de celebración hasta llegar a su situación actual. Durante dos semanas tienen lugar las funciones preparatorias al traslado de la venerada imagen desde su santuario del monte hasta la iglesia matriz de El Salvador, residencia temporal de Nuestra Señora de las Nieves durante su estancia en la capital insular.

Detalle

Detalle de las manos de Nuestra Señora de las Nieves

Entre los espectáculos y regocijos populares destacan la romería de bajada del trono de plata por el camino real de El Planto; el desfile de pandorgas, las danzas de mascarones, la danza de acróbatas, el Festival del Siglo XVIII o Minué, el Carro Alegórico y Triunfal y la Fiesta de Arte.

El número emblemático por excelencia de las fiestas es la Danza de los Enanos, en la que, ante la atenta mirada de miles de asistentes, un grupo de hombres ataviados en cada ocasión con una alegoría diferente (vikingos, cardenales, juglares…) interpreta una danza inicial; en breves segundos, los hombres se transforman en diminutos enanos que bailan una coreografía trepidante; arranca entonces el aplauso del público, que asiste atónito a la sagacidad y la picardía de los singulares personajes.

Minue

El baile del Minué tiene evocaciones del siglo XVIII

Enanos

La Danza de los Enanos es el número más famoso de las Fiestas

En la mañana correspondiente al domingo de la Semana Grande, el Diálogo entre el Castillo y la Nave se representa en presencia de Nuestra Señora de las Nieves, evocando así la larga tradición marinera de la ciudad de Santa Cruz de La Palma y su condición de Juzgado de Indias en el siglo XVI, tercer puerto del Imperio después de Amberes y Sevilla y paso obligado del tráfico marítimo hacia las Indias occidentales.

El Diálogo que se escenifica en la actualidad es obra del insigne poeta palmero Antonio Rodríguez López (1836-1901), estrenado en el año lustral de 1875. El Diálogo es un intercambio de réplicas dramatizadas entre el Castillo, situado en lo alto del risco como defensor de la isla ante la amenaza de los piratas, y la Nave de María, anclada en el margen derecho del barranco, que simula acercarse a la orilla palmesana llevando en su interior un singular misterio.

Cónsules

Cónsules de Finlandia en Canarias y de Italia en Tenerife

En la procesión oficial, celebrada el pasado domingo 12 de julio, estuvieron presentes las principales autoridades civiles y militares de Canarias, con el estreno del recién elegido presidente del Gobierno autónomo, Fernando Clavijo; el general jefe del Mando de Canarias, Pedro Galán y el almirante comandante del Mando Naval, contralmirante Manuel de la Puente. La primera corporación insular, presidida por Anselmo Pestana; los catorce municipios de la isla y otras representaciones y entre ellas una comisión del Cuerpo Consular acreditado en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, formada por el cónsul de Italia en Tenerife, Silvio Pelizzolo y el cónsul de Finlandia en Canarias, Juan Carlos Díaz Lorenzo.

Fotos: José Javier Pérez Martín y Fernando Rodríguez Sánchez

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 12 de mayo de 1936, el puerto de Santa Cruz de La Palma amaneció pintado de barcos. En medio de una singular expectación, las gentes se apresuraron hasta el muelle gritando “¡Llegó la Escuadra, llegó la Escuadra!”. Eran, en total, nueve barcos. El primero en recalar fue el crucero “Méndez Núñez”, que fondeó en la bahía al resguardo del Risco de la Concepción, dando la popa a la playa de Bajamar.

Tras él entró el primer destructor, “José Luis Díez”, en el que embarcó el práctico Tomás Yanes Rodríguez –que dirigió todas las maniobras– y que atracó estribor al muelle. Abarloados a éste le siguieron los destructores “Churruca”, “Alcalá Galiano”, “Almirante Ferrándiz”, “Almirante Valdés” y “Almirante Antequera”. Por falta de línea de atraque también fondearon los destructores “Lepanto” y “Sánchez Barcáiztegui”, que lo hicieron a estribor del crucero “Méndez Núñez”.

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Los destructores de la Marina española, abarloados, durante su escala en La Palma

La presencia de los buques del gris naval y de los marinos uniformados de blanco acaparó la máxima atención de las gentes de la ciudad y aun de los otros pueblos de la Isla, que se desplazaron hasta la capital para presenciar la estancia de las unidades de la Marina de Guerra.

La banda de música “La Victoria” acudió al recibimiento en el muelle, que presidió el titular del Cabildo Insular, Mendoza Santos. “Diario de Avisos” destacó la presencia de los barcos de guerra y comentó los paseos al campo de sus dotaciones y el encuentro de los oficiales para tomar el té en los salones del hotel “Florida”.

En el puerto palmero no se había visto un espectáculo de barcos igual, desde que en mayo de 1921 estuvo una agrupación naval formada por submarinos, torpederos y el buque de salvamento “Kanguro”, un curioso cacharro de extraña figura formada por dos cascos simétricos y el montaje de una grúa a crujía para rescatar a los submarinos del fondo.

A la cita con la paz, en abril de 1939, de los barcos que habían visitado el puerto palmero en mayo de 1936 –todos ellos sirvieron en el lado republicano durante la guerra– sólo faltó el destructor “Almirante Ferrándiz”, que resultó hundido el 29 de septiembre del mismo año por la artillería gruesa del crucero “Canarias” cuando ambos buques se encontraron en aguas del Estrecho. El 26 de agosto de 1938, el destructor “José Luis Díez” varó en la playa de Los Catalanes, en el peñón de Gibraltar, acosado por las unidades nacionales que operaban en el Estrecho, aunque fue recuperado al final de guerra, reparado y devuelto al servicio.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En su flanco sur, Santa Cruz de La Palma está resguardada y limitada por la imponente mole del Risco de la Concepción, que se eleva a unos 400 metros y es la pared de un antiguo volcán cuyo cráter, conocido como La Caldereta, condiciona el desarrollo urbano de la ciudad en esa zona. Antes de que fuera horadado el primer túnel, que permitió el tránsito de personas y vehículos en condiciones fiables aunque sujeto a los frecuentes embates de la mar –que entraba a rociones por los respiraderos que aún existen–, para pasar de un lado a otro había que esperar a la bajamar, de ahí el nombre de la zona.

Explica nuestro amigo y paisano Alberto Pérez, que “según mi abuelo, que es quien me contó esta historia, las gentes que vivían más cerca de la ciudad, venían a comprar o vender sus productos y estaban al tanto de las mareas. Llegaban y esperaban pacientemente a que se produjera la bajamar y se formara una pequeña playa por la que cruzaban sin mojarse. El límite máximo horario de su estancia en Santa Cruz de La Palma lo imponía la pleamar, es decir, regresaban a sus casas antes de que volviera a subir la marea. Por eso, precisamente por este tránsito de personas, justo en los momentos en los que bajaba la marea, a esa zona de conoce con el nombre de Bajamar”.

Así era el Risco de la Concepción antes de la llegada de la carretera y el primer túnel

El Plan General de Carreteras de La Palma, de septiembre de 1860, reconoce la necesidad de construir en la isla tres vías de acceso de tercer orden: Santa Cruz de la Palma a Fuencaliente, por Breña Baja; Fuencaliente a Tazacorte, por Los Llanos de Aridane; Santa Cruz de La Palma a San Andrés, por Puntallana. Las obras de la carretera del sur de la isla comenzaron en 1874 y concluyeron en 1910, con una longitud de 55,5 kilómetros, repartidos en ocho tramos.  

En algunos de los tramos, el ritmo de las obras avanzó a un ritmo de entre 120 y 150 metros mensuales, cifra considerable si consideramos los medios disponibles y las dificultades encontradas en algunas zonas, además de la lucha administrativa contra aquellos propietarios reacios a ceder sus terrenos. En 1879 se recibió, con carácter provisional, el primer tramo de siete kilómetros entre Santa Cruz de La Palma y el Risco de la Concepción, perteneciente al municipio de Breña Alta[1].

[1] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente. Historia y tradición. pp. 222-223. Madrid, 1994.

Foto: Historia de La Palma (facebook, coord. Maxi Fernández Gil)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El capítulo de la historia del transporte regular y discrecional de pasajeros en La Palma está por escribir en profundidad. En los últimos tiempos, José Ángel Hernández Luis, profesor titular de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), ha tratado en detalle algunos aspectos desde su especialidad académica. Un palmero adoptivo de pro, Maximiliano Fernández Gil, está haciendo una importante y eficiente labor de recopilación fotográfica desde su activa página “Historia de La Palma” en facebook, lo mismo que José Ayut Santos y Miguel Bravo, entre otros. Fernando Rodríguez Sánchez, autor de la página web palmerosenelmundo.com, también contribuye de manera decidida a ese empeño.

Quien suscribe ha hecho algunas aportaciones que confiamos enriquecer en los próximos meses. Las publicadas hasta el momento son Casa Ferraz, parada obligada y Una guagua llamada “la cucaracha”. En breve aparecerá una crónica referida al correo y la figura de Alberto Calero. Pero queda mucho por hacer. Animo a mis paisanos y amigos a que aporten datos y canales fiables que contribuyan a una mejor y eficiente investigación.

En la foto de Fernando Rodríguez Sánchez, el volante y otros indicadores de una guagua chasis y motor Austin, encarrozada en 1961 en los talleres de la Sociedad Cooperativa Transportes Norte de La Palma. Felizmente se conserva. Es patrimonio de todos los palmeros. En las guaguas del Sur, como bien señala nuestro amigo Luis Pérez, adjudicado el servicio a María Santos Pérez y después a sus hijos, las manos de los maestros carpinteros Curbelo y Pepe y el mecánico Aroldo Felipe, fueron algunos de sus destacados protagonistas.   

Volante y salpicadero de una guagua Austin encarrozada en 1961

Foto: Fernando Rodríguez Sánchez (palmerosenelmundo.com)

palmerosenelmundo.com

septiembre 3, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Fernando Rodríguez Sánchez (Santa Cruz de La Palma, 1971) es el creador y administrador de la página web palmerosenelmundo.com. Un loable empeño de su autor que se ha convertido en punto de encuentro de los palmeros en la diáspora y de quienes residen en La Palma, pues cada día crece el interés por esta publicación, cuya meta “no es otra que compartir y aprender de nuestros antepasados, respetando así nuestra idiosincracia”. 

El proyecto comenzó en 2010 con la finalidad de “acercar la Isla Bonita a todas aquellas personas que en su día se vieron obligados a partir en busca de un futuro mejor fuera de Canarias”. La publicación digital no tiene ánimo de lucro y prueba de su importante despliegue es que en cuatro años de existencia, palmerosenelmundo.com está compartida en 18 redes sociales, leída en 54 idiomas y también está disponible en android. Recibe un promedio de 1.500 visitas mensuales y desde el comienzo de su andadura ha sumado casi treinta mil.

Fernando Rodríguez Sánchez es el autor de palmerosenelmundo.com

palmerosenelmundo.com promociona los valores de La Palma

En su buen y bien quehacer, Fernando Rodríguez Sánchez siente una especial atracción por los temas relacionados con su isla natal. En la actualidad es el secretario de la Real Sociedad Cosmólogica de Santa Cruz de La Palma, la más señera de las sociedades culturales. El autor de palmerosenelmundo.com posee un banco de imágenes de unas 14.500 fotografías de temas siempre relacionados con La Palma. Todas ellas están debidamente identificadas y en el caso de las que han sido cedidas, tienen el permiso correspondiente.

El trabajo constante y bien hecho encuentra su recompensa y cada día aumenta el envío de fotos y documentos, pues la publicación, además de que tiene muchos seguidores, también cuenta con colaboradores desinteresados que aportan material interesante. Fernando Rodríguez Sánchez y su esposa Nieves Castelló Sánchez recorren la isla fotografiando multitud de detalles con la sensibilidad propia de quienes sienten y aman a su tierra. Luego lo plasman en el universo digital y todos disfrutamos de un trabajo excepcional, que está en constante evolución y nos hace sentir mejores palmerosenelmundo.com.  

Foto: Nieves Castelló Sánchez

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Una de las figuras destacadas de la política palmera del último tercio del siglo XX, José Adolfo Martín Pérez, nos dejó ayer todavía en edad temprana. En su tiempo fue un referente notable del socialismo insular. En la década de los ochenta y por espacio de seis años fue alcalde de Tazacorte, su pueblo natal y durante una legislatura diputado en el Parlamento de Canarias. El ayuntamiento de la Villa y Puerto de Tazacorte –título que consiguió durante su mandato– ha decretado dos días de luto oficial y la bandera ondea a media asta en señal de duelo.

Fue un primo suyo y buen amigo, Juan Manuel “Nolo” Pino Martín, quien nos presentó hace ya unos cuantos años, treinta al menos. Mantuvimos el trato incluso después de que hubiera dejado la política activa y hemos de reconocer que siempre nos resultaba grato saludarle y conversar allí donde coincidiéramos, pues le preocupaba el pulso del acontecer insular y regional. Fue realmente un palmero de nivel, tanto en formación como en acción, en la más amplia acepción de la palabra.

Tazacorte despide a su digno alcalde José Adolfo Martín

Acorde al tiempo que lo tocó vivir en la alcaldía, José Adolfo Martín Pérez impulsó pequeñas y grandes obras en su municipio –pabellón de usos múltiples, reposición de las viviendas y ampliación del colegio de El Puerto, mejoras diversas en caminos y carreteras, desarrollo pesquero…– y como hombre culto y preocupado por el reconocimiento a la identidad propia de su pueblo, consiguió el honroso titulo de Villa y Puerto de Tazacorte.

En la hora de la despedida terrenal, a José Adolfo Martín Pérez se le elogia por su contribución al desarrollo y el progreso de su pueblo natal, al que siempre permaneció vinculado en lo personal y en lo profesional, pues suya era la farmacia de la calle Nueva de Tazacorte. Sus afanes y desvelos para lograr la modernización de su patria chica y la isla a la que tanto amó son rigurosamente ciertos y nosotros añadimos, por lo que de él conocimos, que mostró siempre un talante de hombre abierto, tolerante, respetuoso, ajeno a cualquier sectarismo y luchador de las libertades.   

Descanse en paz el apreciado amigo.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Manuel Rodríguez Conde nació en 1898 en Los Sauces y tenía poco más de 25 años cuando emprendió un negocio de transporte y venta de productos agrícolas entre su pueblo y la capital insular, a lomos de bestias. En 1930 se estableció en Santa Cruz de La Palma, donde abrió una ferretería. Más tarde tuvo un almacén de productos coloniales y, al mismo tiempo, fue un viajero frecuente y mantuvo asiduos contactos comerciales con sus proveedores.

En 1944 inició su andadura como armador con la construcción del motovelero San Miguel, construido en Tazacorte, aunque en las islas era conocido como San Miguel Chico o San Miguelillo, para diferenciarlo de otro del mismo nombre, bastante más antiguo. Esta embarcación fue construida en copropiedad con José Duque Martínez y Antonio González Pérez y con el paso del tiempo, Rodríguez Conde compró la participación de sus dos socios y se hizo con la propiedad exclusiva del buque.

Manuel Rodríguez Conde (1898-1963)

Este barco hizo viajes constantes en el cabotaje interinsular y en agosto de 1948 lo vendió en 150.000 pesetas, a los promotores de un viaje clandestino a Venezuela. El 1 de septiembre zarpó desde el norte de La Palma, con una expedición de 51 personas a bordo, la mayoría descontentos políticos y otro grupo por razones económicas.

El segundo barco de Rodríguez Conde fue la balandra Maruja. Se perdió el 6 de febrero de 1951 en el Porís de Abona, en un viaje de regreso de El Hierro a Tenerife con un cargamento de leña. No hubo víctimas, pero el barco quedó atrapado entre las rocas y se partió en dos. El armador palmero poseía entonces una explotación forestal en El Hierro, que suministraba varas, estacones y leña para Intendencia. Descargaba en Las Palmas y luego seguía a Fuerteventura, donde cargaba piedra de cal para La Palma y después continuaba viaje a Tenerife.

La balandra Maruja había sido un barco aljibe que durante años había suministrado agua a los puertos de la vecina costa africana y después fue reacondicionado para el cabotaje, con una capacidad de carga de unas 600 toneladas. Arbolaba dos mástiles y estaba propulsada por un motor semi-diesel. Tras la pérdida de esta embarcación, Rodríguez Conde concluyó su etapa como armador.

En 1954 cofundó Harinera Palmera y mantuvo su actividad comercial de ferretería y productos coloniales, hasta su fallecimiento ocurrido en 1963 en la capital palmera, cuando contaba 65 años de edad. En lo familiar, en 1936 contrajo matrimonio con Anuncia Hernández Rosa y tiene descendencia[1].

[1] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. La Palma y el mar. pp. 216-217. Madrid, 1993.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Emblemática Casa Cabrera

junio 22, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La Casa Cabrera está de feliz aniversario. Cumple 150 años de existencia, después de una larga andadura en la que ha conseguido consolidarse como la más antigua de las empresas existentes en La Palma, gracias a su capacidad de adaptación a cada época y a sus ansias de seguir siendo coprotagonistas del progreso insular. Es una firma comercial emblemática, sinónimo de seriedad y prestigio acrisolado a través de generaciones, que honra con destacada entrega y nobleza a la tierra donde nació. 

La empresa Juan Cabrera Martín (La Palma), S.A. tiene sus orígenes en una tienda de ultramarinos abierta en 1864 por su fundador, Juan Cabrera Martín, a su regreso de Cuba el año anterior. Nuestro protagonista nació el 24 de junio de 1838 en Santa Cruz de La Palma, hijo de Buenaventura Cabrera González y Catalina Martín Rodríguez. En 1847 su padre vendió una flotilla de pesqueros y armó la goleta Africana, construida en los astilleros de la capital palmera, con la que hizo viaje a Cuba cargado de cebollas. Poco después de su llegada a La Habana mandó llamar a su hijo Juan, que por entonces contaba diez años de edad, para que le ayudara en el trabajo que desempeñaba en la capital habanera. 

Una foto de Juan Cabrera Martín, en gran formato, preside el patio de la Casa Cabrera

Los acontecimientos se precipitaron al producirse el fallecimiento de su progenitor, por lo que el joven Juan Cabrera Martín, desamparado por la repentina muerte de su padre, se enroló como ayudante de cocina en el velero San José, propiedad de Nicolás Martínez Valdivieso, que realizaba tráfico de cabotaje entre los puertos cubanos. En 1862 enfermó de fiebres palúdicas y al año siguiente regresó La Palma, donde tiempo después contrajo matrimonio con Rafaela Martín Cabrera, de cuya unión nacieron cuatro hijos, José, Juan, Nicolás y Josefa Cabrera Martín. 

En 1864 abrió su primer negocio en la isla, un comercio de ultramarinos situado en el número 57 de la calle Santiago. Los horizontes se ampliaron en el transcurso de los años siguientes, dedicado a la exportación de cochinilla y productos agrícolas y tiempo después extendió su red comercial por toda la isla, consolidando así su trayectoria, lo que le permitió abrir un negocio de ferretería y tejidos y fortaleció su posición económica. 

La Casa Cabrera, sede social de la empresa Juan Cabrera Martín (La Palma) S.A.

En 1890 adquirió la Casa Pinto, fabricada por Antonio Pinto de Guisla en el último cuarto del siglo XVIII. Desde entonces se conoce como la Casa Cabrera y es la sede central de la empresa. Es un magnífico edificio situado en la emblemática calle Real de Santa Cruz de La Palma, que forma parte de uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes de Canarias. Su nuevo propietario pagó por ella 27.750 pesetas, una fortuna para la época. Al año siguiente realizó las obras de adaptación que permitió la instalación de las dependencias de su sociedad mercantil. La fachada de la calle Álvarez de Abreu, o calle Trasera, es de cinco plantas, aprovechándose la inferior para las caballerizas y los carruajes, y se comunica en su interior por medio de una escalera de piedra. Posee un oratorio que obtuvo licencia papal para celebrar misa en tiempos de su primer propietario. 

A finales del siglo XIX el protagonismo de Juan Cabrera Martín en el tejido empresarial de La Palma fue considerable, pues amplió sus fronteras comerciales a África y América y, paralelamente, irrumpió con fuerza en su papel de consignatario, de modo que entre 1890 y 1916 fue agente insular de la Compañía Trasatlántica Española, Compañía de Vapores Correos Interinsulares Canarios, Sociedad Navegación e Industria, Compañía Valenciana de Vapores Correos de África y Vapores de Ángel Pérez y Cía.; Sobrinos de Herrera, de La Habana (Cuba), así como de las navieras extranjeras Otto Thoresen, Yeoward Line, Woermann Line, Nordeustcher Lloyd y Hamburg Bremen-Afrika Line. 

Casa Cabrera. Escritorio del director general

Casa Cabrera. Patio y accesos a la primera planta

Esta nueva dimensión permitió a Juan Cabrera Martín una relevante participación en el comercio del carbón mineral, granos y guanos, tiendas de ultramarinos y tejidos, ferretería y quincallería, almacén de curtidos, sales y maderas, máquinas de coser y la exportación de almendra y cochinilla. Sin embargo, la crisis de esta última, motivada, entre otras razones, por la aparición de los colorantes químicos, atrajo su atención hacia el cultivo del tabaco y fundó una empresa llamada La Africana, con una plantilla de 80 trabajadores. En 1910 tenía una producción de 4.200.000 tabacos anuales y facturaba 150.000 pesetas. 

La calidad e importancia de sus productos la hicieron merecedora de varios premios en certámenes internacionales, entre ellos la Medalla de Oro de la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza (1908), Mención Honorífica de la Universidad de Amberes (1908), primer premio en el concurso de la Cámara Agrícola de Santa Cruz de Tenerife (1909) y medallas de oro en la Nacional de Valencia (1910) y la Exposición Hispano-Americana de Sevilla (1930). 

Casa Cabrera, Ángulo desde el entresuelo

Casa Cabrera. Corredor de la primera planta

La ausencia de bancos en Santa Cruz de La Palma y su excelente reputación animó a Juan Cabrera Martín a la creación de una entidad bancaria propia, la Banca Cabrera, vinculada a las actividades agrícolas, mercantiles y a la captación del ahorro del indiano. Alcanzó un gran desarrollo en el primer tercio del siglo XX, pero los efectos de la gran depresión asestaron un duro golpe y fue una de las causas por la que, en junio de 1948, fue vendida al Banco Español de Crédito. 

La prensa de la época le presentó siempre como un ciudadano de fuerte personalidad y defensor de los intereses generales de La Palma. Sus gestiones condujeron a que Compañía Trasatlántica Española incluyera el puerto de Santa Cruz de La Palma en el itinerario de la línea de Cuba. El 18 de diciembre de 1899 arribó en su primera escala el trasatlántico Montevideo y, a partir de entonces, lo hicieron regularmente el día 19 de cada mes, por lo que la voz popular los identificó con el apelativo de “los vapores del 19”. Su colaboración fue decisiva para el boato de la visita del rey Alfonso XIII, que llegó el 3 de abril de 1906 a Santa Cruz de La Palma a bordo del trasatlántico Alfonso XII, habilitado de crucero auxiliar. 

Casa Cabrera. Oratorio privado

En sus últimos años de vida, Juan Cabrera Martín fue delegando progresivamente la dirección de la firma en su hijo mayor, José A. Cabrera Martín, quien, en unión de sus hermanos afirmaron el rumbo de la empresa con una decidida adaptación a las demandas y necesidades de los nuevos tiempos. Para ello diversificaron sus actividades, compensando la caída de determinados productos con la implantación de otros nuevos, superando así los periodos de crisis. Juan Cabrera Martín falleció el 8 de junio de 1916, cuando contaba casi 78 años de edad. La noticia causó una honda conmoción en La Palma, así como en Canarias y Cuba, donde también era conocido por su larga trayectoria empresarial. 

En enero de 1917, Compañía Trasmediterránea nombró delegado en La Palma a la Casa Cabrera. Desde mediados de la década de los años cincuenta desempeñaron el cargo los hermanos Francisco y Miguel Cabrera González. Entre 1989 y 2011 tomó el relevo Antonio Sosa Rodríguez –quien, desde su jubilación tiene la consideración de delegado honorario–, y desde 2012 la firma palmera ostenta dicha representación en su condición de agentes generales de Acciona-Trasmediterránea. 

Casa Cabrera. Libros de cuentas y otros documentos para la historia

En 1936 la empresa se convirtió en sociedad anónima, tomando la denominación, en homenaje a su fundador, de Juan Cabrera Martín (La Palma), S.A. y con un accionariado exclusivamente familiar. A mediados del siglo XX y por espacio de tres décadas dirigió la empresa Miguel Cabrera González, en colaboración con sus hermanos Manuel y Francisco y su cuñado Manuel Fernández de Paz, que gestionaba el área contable. En 1989 le sustituyó en la dirección del escritorio de la calle Real su hijo Miguel Cabrera Hernández. A éste le relevó Alfonso Henríquez Fernández, actual director general y Nieves Elena Cabrera González desempeña la dirección financiera. Al cumplirse el 150º aniversario de la emblemática empresa, el consejo de administración está formado por los hermanos José y Rosendo Cabrera Hernández (presidente y vicepresidente), Miguel Cabrera Tous (consejero-delegado) e Ignacio Capote Alcocer (consejero). 

En los últimos cincuenta años, la Casa Cabrera se ha caracterizado por la diversificación de actividades. Destaca su integración, en la década de los setenta, en la rama del automóvil, el cultivo del plátano y la actividad inmobiliaria y de arrendamientos, que tomó el relevo al comercio de alimentación y tabaquero, propiciado por la aparición en el mercado insular de cadenas de distribución y la preferencia del público por el tabaco rubio. Mantiene, con carácter relevante, una posición destacada como consignatarios y estibadores de buques, siendo la firma más antigua existente en el puerto de Santa Cruz de La Palma. 

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo